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Tribuna libre

Juaristi

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Nunca he visto a nadie fumar con tanta avidez como lo hacía Juaristi mientras esperaba a que se pusiera en verde un semáforo de la calle Hilarión Eslava

Jon Juaristi es uno de esos columnistas con fuerza motriz bastante para empujar por sí solo, sin necesidad de más generadores, a comprarse el periódico donde colabora. Por cierto, que comparte rotativo y día de publicación con otro autor del que se puede afirmar lo mismo, Álvaro Delgado-Gal, y en consecuencia el deleite que proporciona el ABC de los domingos es dúplice.

Lo que ocurre con Juaristi es que escribe unos artículos redondos y, a menudo, magistralmente circulares. Tras quintaesenciar al máximo el tema en el título, que consta siempre de una sola palabra, pone en formación sus nutridos batallones para la guerra de las ideas. Y esas fuerzas de combate que son la argumentación suasoria, la carga erudita y la mala leche propia del hombre pequeño, consiguen hacerlo vencer con una maniobra envolvente que lo devuelve como si tal cosa, con el enemigo ya vapuleado, al punto de partida.

Juaristi es persona caracterizada por el cambio de opinión, que no necesariamente ha de conceptuarse como cambio de chaqueta, según hay quien le reprocha. De la ETA pasó al comunismo sin adherencias nacionalistas, después a la socialdemocracia, y ha terminado convirtiéndose en un circunspecto y brillantísimo conservador liberal (y no al revés, como le puntualizó a Aznar en la presentación del primer libro de éste tras su ejercicio de la presidencia). Igualmente, en lo religioso ha pasado del agnosticismo al judaísmo, aunque confiese ir a la sinagoga sólo dos veces al año. Sólo por esa conversión insólita y carente de exhibicionismo merece que se le escuche con curiosidad y respeto. 

En lo literario, Juaristi también es un proteico. Comenzó con la poesía, deslumbró con el ensayo, el año pasado publicó una autobiografía y éste ha obtenido el premio Azorín de novela. Uno, que por naturaleza lo posterga todo, tiene pendientes las lecturas de los títulos que mejor representan cada uno de esos géneros: Poesía reunida (1986-1999), El bucle melancólico –en su momento obtuvo tanta repercusión, que es como haberlo leído a través de fuentes secundarias–, Cambio de destino y La caza salvaje. Son libros en la reserva activa, es decir, que a la mínima serán llamados a filas para la compra o el préstamo bibliotecario.

Entretanto, seguimos disfrutando de sus columnas dominicales, como se ha dicho más arriba. De dónde saca el talento para que le queden tan perfectas es algo que acaso Yahvé solo sepa, y Él le guarde muchos años. Porque, dicho sea de paso, nunca he visto a nadie fumar con tanta avidez como lo hacía Juaristi mientras esperaba a que se pusiera en verde un semáforo de la calle Hilarión Eslava. A mejor, igual que existe el tabaco mentolado, lo hay también con hebras de numen. No caí en la cuenta de preguntarle por la expendeduría.