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Tribuna libre

Juventudes Metrosexuales del Che Guevara

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Mi amigo y confidente musical me ha acercado a un tipo llamado Kevin Johansen. No tenía ni idea de su existencia. En realidad, sólo me ha llevado hasta las puertas de una canción suya y ya ha sido suficiente para demostrarle abiertamente mis simpatías de forma un tanto injusta, pues no conozco el resto de su obra. Este argentino trotamundos alcanza ahora momentos de gloria, en cuanto a lo musical, gracias a su obsesión por el mestizaje y su trabajo constante. Pero fue en el 2000 cuando Kevin Johansen + The Nada publicaron su primer disco, The Nada. Y es ahí donde se esconde una joya cargada de cruda realidad: “McGuevara’s o CheDonald’s”. El amigo Johansen comieza esa canción describiendo algo que aquí en España conocemos bien: “Todos se dejan la barba y el pelo como él / Pero no son como él / Todos declaran y hablan en nombre de él / Como si fueran él”. Pueden imaginarse que “él” es un tal Ernesto, un mito irreal que parece creado por una fabricante de chapas, que hoy es cada vez menos mito y más real, por fortuna y en beneficio de que se haga justicia. Pero donde el compositor argentino da realmente en la diana es en las proximidades del estribillo: “Todos se compran la remerita del Che / Sin saber quien fue / Su nombre y su cara no paran de vender…/ Parece McGuevara’s o CheDonald’s / Parece McGuevara’s O CheDonald’s”. Ciertamente, casi todos coinciden en que nada le habría molestado más al Che Guevara que este gran mercado publicitario que distribuye al mundo entero su jeta, impulsado desde el supuesto monstruo capitalista. Que acertado está Johansen al desenmascarar a estos individuos que disfrazan su ignorancia con grandes iconos mundiales. Ídolos de masas beatificados por lo civil con ayuda de falsas convenciones y a través de biografías resumidas y adornadas. Acierta al comparar toda esa tontería generalizada con el icono capitalista de la comida rápida, Mc Donald’s. Parece siempre la misma tienda: camisetas del Che, sudaderas con enormes hojas de marihuana y grandes estrellas rojas con o sin lemas revolucionarios. El precio lo marca la calidad de la prenda, no suele haber ofertas. Buscaba en Internet camisetas del Che Guevara y me he encontrado con algo que sorprendería a los que lucen prendas reivindicando la figura de “un tal Che”, como dice M-Clan. Se trata de una web —hay muchas sobre el tema- que ofrece un listado de cientos de asesinados por sus hombres. La web está impulsada por familiares de los fallecidos. Me pregunto qué respuesta darán estos adolescentes que se pasean por los locales de copas nacionales portando la figura de su ídolo revolucionario cuando se crucen, por ejemplo, con familiares que no han olvidado como perdieron a sus seres queridos a finales de los 50. Pero esta situación no es exclusiva de la multinacional del Che. Resulta detestable la moda -que ya dura años- de portar camisetas y símbolos representativos de grupos musicales que incitan abiertamente a la violencia. Rock radical mezclado con letras explosivas que agitan y enarbolan la bandera de la injusticia. Da pánico ver la indiferencia de quien porta estos símbolos, especialmente en estos días en que el reloj de la historia nos permite ver con mayor nitidez sus difusas biografías o los nocivos efectos de su propoganda disfrazada unas veces de punk, otras de ska y otras de rock. Todo esto me lo ha traído a la memoria el señor Johansen con sus “McGuevara’s y CheDonald’s”, por fin una canción que -sin posicionarse demasiado ideológicamente hacia ningún bando- demuestra la tontería e ignorancia que nos rodea. El negocio rentable de este tipo de“merchandising” es la mayor de las incongruencias de este siglo. No obstante, al margen de valoraciones ideológicas, lo que realmente denuncia Johansen en su canción es una cuestión puramente estética. Abundan ya los metrosexuales con pelo, barba y camiseta del Che Guevara. Y lo que no puede ser, no puede ser. Y además es imposible.