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Tribuna libre

El Ku Klux Klan de Jiménez Losantos

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El presidente de la COPE piensa que una radio no puede prescindir de sus estrellas porque lo paga: véase el batacazo de la SER tras el relevo de Gabilondo.

La concesión de los premios de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión ha desatado un nuevo enfrentamiento entre profesionales de la comunicación española. Andréu Buenafuente arremetió a finales de la semana pasada contra el popular locutor Federico Jiménez Losantos. Otro veterano de la radio, Luis del Olmo, no quiso faltar a la cita y se posicionó junto al presentador catalán.

La escena ha puesto de nuevo sobre la mesa la profunda división que existe en España en el modo de afrontar las principales cuestiones del país. Además, se ha perdido toda capacidad de diálogo sereno y no existe ya –a uno y otro lado de las trincheras- el más mínimo rubor en disparar a todo lo que se mueva y no dejar heridos: o conmigo o contra mí.

En el caso particular que nos ocupa, emerge una figura singular: la de Federico Jiménez Losantos, la rutilante estrella de la Cadena COPE, que lo seguirá siendo por algunos años más. Como el actual presidente de la emisora reconoce a su entorno más cercano, la cosa está muy clara: la radio actual no puede vivir sin astros refulgentes.

El razonamiento que hace en privado Alfonso Coronel de Palma es el siguiente. El modelo que sigue la radio no es el estándar de la prensa escrita, sino que se asemeja más a los modos de hacer de la televisión. En las cadenas, asegura Coronel de Palma, la línea editorial de la casa la marcan los Servicios Informativos –muy vinculados a la identidad que quiere fijar la propiedad-, que conviven en un exitoso maridaje junto a las estrellas del canal. Estas últimas son las que marcan el ritmo del medio con sus programas, al margen de su connotación ideológica. Ellas son las que atraen a la audiencia por su carisma, genialidad y capacidad de sintonía con el telespectador.

Para Coronel de Palma, la radio sigue ese patrón. La COPE –explica el presidente de la emisora- debe ser juzgada por su línea editorial, fijada cada día por una intervención específica a cargo de José Luis Restán, y por sus informativos. El resto son sólo derivadas resultantes de las singularidades de esas estrellas de las que nadie puede prescindir. Y ahí está el caso de la Cadena SER para demostrarlo, señala Coronel de Palma: sus directivos no saben cómo enmendar la pérdida de influencia y notoriedad de la compañía, tras el relevo de Iñaki Gabilondo por Carles Francino.

Conociendo la argumentación del máximo responsable de los destinos de la COPE, uno está dispuesto a mojarse, y apuesta pincho de tortilla y caña con quien sea a que Federico Jiménez Losantos renueva por la cadena de la Conferencia Episcopal al menos hasta 2008. O sea, que hay contienda para rato.

José Antonio Zarzalejos continuará al frente del ABC de Vocento. La compañía respalda totalmente a su director y reconoce –también en privado- que tiene todo el apoyo del grupo: “está haciendo un periódico que nos satisface, serio y riguroso. No vamos a hacer caso de lo que diga un señor que ha querido ser, por dos veces, director del periódico y, por dos veces, se le ha puesto en la calle”.

Así razonaba en fecha reciente un alto directivo de la casa, que se mostraba imperturbable ante los ataques de Losantos: “No nos preocupan, porque hoy va contra nosotros pero mañana irá a por otros. Se trata de personas que necesitan siempre tener a alguien enfrente”.

Andréu Buenafuente y Luis del Olmo han renegado públicamente del director de ‘La Mañana’ de la COPE. Se han usado palabras gruesas y descalificaciones personales. Jiménez Losantos ha denunciado el “Ku Klux Klan de las ondas” que forman ambos, una “versión radiofónica” –ha dicho- del ‘Pacto del Tinell’, el acuerdo suscrito en 2003 por PSC, ERC e ICV para poner al frente de la Generalitat un Gobierno catalanista de izquierdas que excluía expresamente al PP.

Ante el panorama descrito –de un frentismo exacerbado que te encañona amenazadoramente al entrecejo mientras te interroga: “y tú, ¿con quién vas?”- la cuestión que uno se plantea es: ¿cuántos miles de españoles, que busquen también lo mejor para su país, estarán deseando quedar al margen de cualquier Ku Klux Klan, sin ser tachados por ello de maricomplejines, tibios o taimados?

Y más: ¿Cuántos habrá en la piel de toro que apuesten por otro modo de hacer las cosas, con el mismo grado de implicación, pero utilizando un tono distinto en el debate? ¿Habrá vida en Marte?