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Tribuna libre

La LOCE ha muerto, ¿viva la LOGSE?

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Este mes de septiembre comienza el plazo que se ha dado el Ministerio de Educación y Ciencia para emprender, durante el último trimestre de 2004, el gran debate que quieren abrir sobre el futuro de la Ley de Calidad.  Es el momento de que el diálogo y el consenso de los que tanto y tanto se ha hablado aparezcan por algún lado y dejen de ser palabras decorativas sin apenas contenido. Sin embargo, mucho me temo que como en otros grandes temas las palabras diálogo y consenso se utilicen con un sentido partidista y unidireccional, y los que no comulguen con el pensamiento único serán tachados automáticamente de intolerantes y sectarios.

 

Todavía no se conocen qué alternativas va a presentar el gobierno socialista. Lo poco que se sabe, por ahora, lo ha publicado la prensa. Salvo algunas cuestiones meramente colaterales (como la reagrupación de toda la Educación Infantil en una sola etapa, la potenciación de las lenguas extranjeras y la revisión de las enseñanzas artísticas), las novedades sobre lo que tiene pensado hacer el nuevo equipo de Gobierno socialista se reducen a tres: suspensión de los itinerarios, la prueba de ingreso en la Universidad y la nueva configuración de la asignatura de Religión.

 

La creación de los itinerarios de la LOCE era una decidida apuesta contra el fracaso escolar, que contaba con el apoyo del profesorado. Tal y como estaban concebidos, eran voluntarios, permeables y conducían todos al mismo título, sin que hubiese consideraciones de privilegio ni discriminaciones; ni mucho menos eran segregadores, como por activa y por pasiva se han encargado de repetir, fieles a la consigna, los contrarios a estas medidas que proponía la LOCE.

 

Los itinerarios respondían a una demanda social y educativa, y tenía en cuenta la realidad diaria que se vive en los centros educativos de todo el país. Las opiniones y encuestas de algunos sindicatos (USO, ANPE, FSIE...) certificaban la línea emprendida por el anterior gobierno. Recuperar las lindezas de la escuela comprensiva, con las que nos machacaron y bombardearon durante la aprobación de la LOGSE, con argumentos que hasta rozaban lo cursi por su ingenuo y paralizante idealismo, supone un preocupante apegamiento al pasado.

 

Cuando la mayoría de los países que promovieron el café para todos están de vuelta de ese modelo (Suecia, Gran Bretaña, Francia...), aquí, los responsables del Ministerio, se aferran a un modelo gastado que, además, ha demostrado –a los preocupantes datos del fracaso escolar me remito- su inutilidad. Todavía no se sabe en qué van a consistir los programas integrales de compensación educativa. De entrada, que si se plantean de manera general, reduciendo el problema a centros y zonas específicas, no se aborda el fracaso escolar de manera individualizada.

 

Es buena idea que se apueste por reducir el tamaño de los grupos para tenderlos correctamente, pero este tipo de medidas necesita de una inversión educativa en personas e instalaciones de la que (a la experiencia de gobiernos socialistas anteriores o a los de determinadas comunidades autónomas) no me fío ni un pelo. ¿Van a invertir también para que estos incrementos de plantillas se den en la enseñanza concertada? ¿Va a haber dinero para ello (dinero para todos)?

 

Otra medida que se anuncia es la supresión de la Prueba General de Bachillerato por una prueba que permitirá a los alumnos acceder a la carrera elegida en la Universidad. Sólo una breve consideración: ¿Por qué ese miedo a que exista una prueba externa que valide los conocimientos de todos los alumnos? Seríamos el único país de Europa que no se preocupa por garantizar la calidad y la evaluación de su sistema educativo.

 

Y, por último, está el debate sobre la asignatura de Religión. La propuesta del PSOE es volver otra vez a la LOGSE, donde la Religión era tratada como una asignatura de menor rango, casi decorativa. Pensando en la formación integral de los alumnos, hay que destacar la validez de lo que proponía la LOCE, la creación del Área de Sociedad, Cultura y Religión, con dos opciones voluntarias: la no confesional y la confesional.

 

Pensando en el respeto y la dignidad del trabajo de cualquier docente, las dos opciones deberían tener un carácter evaluable. Aquí, sin embargo, se ha impuesto el sectarismo y se ha marginado la mayoritaria opinión de los padres, que masivamente siguen optando, de manera voluntaria, por la asignatura de Religión.

 

A la espera de conocer con más detalle estos planes, la sensación que dejan estas medidas, con lo que ha llovido, es que la montaña ha parido un ratón. Un ratón demagógico.