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La LOE de Shin Chan

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Shin Chan, ese gordito deforme, es probablemente el dibujo animado más tonto que ha parido la televisión en toda su historia. Si en lugar de ser un dibujo animado, fuese humano, se llevaría todas las collejas en el colegio y se quedaría siempre sin merienda. Por maleducado, por irse de gracioso y por esa voz tan horrible que crispa hasta al más sosegado. Y porque los compañeros de clase no son normalmente tan pardillos como los pintan en esa serie infantil. Pero el mundo es una caja bombones y Shin Chan es hoy uno de los héroes juveniles de mayor popularidad. Insultar a Shin Chan es como vacilar a Espinete en otro tiempo. O reírse de Don Pin Pon. La diferencia es que, si mofarse de los bondadosos personajes de Barrio Sésamo es una fea crueldad, reírse del pequeño y malvado Shin Chan es pagarle con su misma moneda. Porque de bueno no tiene nada. Nada de nada. Ni su corta edad inspira la más mínima ternura. Atrás quedan los valores de los “Campeones” Oliver y Benji —con esa simpática banda sonora que puso de nuevo de moda en los últimos años “El Pulpo” en sus fiestas musicales- e incluso los del justiciero Songoku en Dragon Ball Z. Ahora la impertinencia de los Simpson ha creado escuela y desde Japón llegan en horario infantil ídolos para adultos con mucho tiempo que perder. El caso es que a Shin Chan no le llega con deformar las mentes de miles de niños y adolescentes en medio mundo, ni con copar la gran pantalla con producciones cinematográficas sorprendentemente taquilleras, no. Ahora el niño japonés, malo y travieso, se adentra en el mundo de la música para destrozar canciones de El Canto del Loco, Juanes o Shakira. Aunque lo de destrozar “La camisa negra” se lo agradecemos, porque pocos estribillos en el mundo han llegado tan lejos y tan rápido para convertirse en tiempo récord en una canción reiterativa. Ya saben, éxitos comerciales con fecha de caducidad. Consumo rápido y esas cosas. Me gustaría ver la cara de Coti cuando escuche su “Nada de esto fue un error” interpretado por el pequeño mentecato de los ojos saltones. También la de Bebe cuando vea la transformación que sufre su polémico éxito “Malo” en versión Shin Chan. “Zapatillas”, de El Canto del Loco, se une a la colección de despropósitos que publicará EMI el próximo 28 de noviembre bajo el título “Las canciones de Shin Chan”. Si nadie lo remedia. Shin Chan lleva algunos años dando la lata en las principales autonómicas españolas, pero ahora la cadena del grupo Planeta, Antena 3, ha decidido hacerse con sus derechos para emitirlo a partir de diciembre en una franja horaria aún sin determinar. Poca fe tengo en que esta franja esté situada entre las cuatro y las cinco de la madrugada, que sería lo más deseable en defensa de la salud mental de la audiencia. Así que ahora lo tendremos en la tele —para toda España-, en el cine —se está preparando una nueva película- y en nuestros equipos de música con su nuevo disco. Con su alegría, su travesuras y sus cositas. Se agita estos días mucho la polémica de la LOE, cuya aprobación es, a todas las luces, un error de enormes proporciones. Pero no hay que olvidar que, para bien o para mal, la ley más importante de educación debe cumplirse en el seno de las familias. Aceptar como “invitado” en casa a este tal Shin Chan, un joven aprendiz de delincuente, puede resultar más grave para la educación de los niños que los efectos de la nefasta LOE. Dios dirá que sale de la combinación de ambos elementos. Mantengan el nuevo disco de Shin Chan fuera del alcance de los niños, no sean que se encariñen con este vulgar antihéroe. Puestos a comprar música infantil me parece más interesante esto que me han contado esta tarde: Miliki, todo un clásico navideño, está a punto de editar su próximo disco. Mientras Miliki enseña a la tabla de multiplicar con sus canciones a miles de niños, otros tantos aprenderán a insultar con Shin Chan. ¿No es emocionante el futuro de estas criaturas?

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