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Tribuna libre

Losantos, losángeles y losdemonios

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Estatuto Catalán, artículo 666: “Ningún ciudadano de esta nuestra nación osará escuchar a Federico Jiménez Losantos. El no cumplimiento de esta disposición puede castigarse con penas de hasta quince años de cárcel, sólo redimibles con el regular visionado de los informativos de la noche de ‘Cuatro’ ”. Cuenta la tradición cristiana que el demonio es una criatura de naturaleza angélica que por desobedecer a Dios fue expulsado del paraíso. La frontera, pues, entre lo angelical y lo diabólico parece estrecha, lo mismo que dicen que del amor al odio hay sólo un paso. Cuando era pequeño me encantaban las estampas del arcángel San Miguel, representado popularmente como una especie de soldado romano con alas que pisotea y clava una lanza sobre un demonio. Me recordaba un poco a las caricaturas de los cómic de Astérix, y daba un toque novelesco a los típicos catecismos ilustrados con sobrias imágenes evangélicas pintadas por el Greco. A parte de San Miguel y de Lucifer también recuerdo que había un “ángel exterminador” en el Antiguo Testamento. Yo no sabía si colocarlo entre las tropas capitaneadas por el arcángel soldado o próximo al demonio rojo. Por un lado era bueno porque lo mandaba Yaveh para liberar a los judíos oprimidos, pero por otro me parecía maléfico ya que su misión era cargarse a los primogénitos de los egipcios. Esa ambigüedad acababa siempre confundiéndome y no sabía si alegrarme porque los judíos ya no tenían que cargar más piedras para construir pirámides o enrabietarme porque los niños egipcios morían inocentemente. A mi Jiménez Losantos se me antoja como una especie de “ángel exterminador”, que quiere liberar a los judíos -la derecha- del “yugo esclavizante” del faraón -el Gobierno de Zapatero-, y para ello ataca “cruentamente” a los egipcios -los socialistas siempre han sido bastante pro árabes-. Como en mi infancia, la confusión vuelve a cegar mi mente, ¿será este nuevo “ángel exterminador” bondadoso, o maléfico? Igualmente me imagino a un Federico arcangélico pisoteando al demonio “rojo”, aunque también me parece válido intercambiar papeles y pensar en un Zapatero aguijoneando con su lanza a un Losantos luciferino. El popular periodista se ha convertido en un “ente” maniqueo -sin tonos grises- en el imaginario colectivo español. Las supuestas “dos Españas”, también ellas maniqueas, lo adoran o lo aborrecen. Para unos es satánico y digno de exorcismo, para otros un justiciero angelical. Esta lucha dialéctica que se genera entorno a Federico le ha encumbrado definitivamente convirtiendo a este sujeto informador en un fenómeno objeto de noticia. La prensa de Internet se hace eco diariamente del “momento Federico”. Ya no es necesario seguir su programa para ser partícipe de ese instante de maldad o de genialidad del locutor. El “momento Federico” aparece diariamente reseñado en la prensa “on line” para regocijo de muchos o escándalo de no pocos. Incluso se ofrece el archivo sonoro para dar fe del hecho. ¿Qué internauta español se ha acostado sin conocer cuál ha sido la “píldora” del día de Jiménez Losantos? En los comentarios de los lectores de un diario de Internet -que hace gala explícitamente de su condición de izquierdas- se podía leer recientemente: “No necesito escuchar el programa de Federico, vosotros ya os encargáis diariamente de informar sobre lo que ha dicho”. ¿Qué mejor publicidad para su causa que los ataques de Montilla o de El Periódico de Cataluña? Su eliminación de la vida pública es casi ya una cuestión de Estado. Su inclusión en el articulado del “Estatut” como elemento perverso a eliminar de la vida del ciudadano catalán, bajo pena para el que osara escucharlo, a nadie hubiera extrañado. Los expertos socialistas consultados por el Gobierno seguro que no hubieran encontrado ningún indicio de inconstitucionalidad en dicha medida. En el momento en que escribo estas líneas, si en el buscador de Google introduzco “Jiménez Losantos” y delimito sólo “paginas de España”, aparecen 187.000 resultados. Muy lejos quedan otros periodistas como “Iñaki Gabilondo” -27.300-, “Jesús Ceberio” -805-, “Juan Luis Cebrián” -24.500- o “Pedro J. Ramírez” -37.500-. Inmaduro por mi parte, siento remordimientos cuando alguna mañana, camino del trabajo, sintonizo la COPE en el transistor. Me asalta el temor de que la dictadura de lo “políticamente correcto” me condene y si estoy en el autobús trato de bajar el volumen por miedo a que mis compañeros de viaje me sorprendan con el cuerpo del delito en las orejas. Desde que confesé mi pecado me siento más reconfortado y he hecho propósito de la enmienda: sólo escucharé a Francino. Al principio me costaba pero me ha invadido un sentimiento de filantropía. Siempre he presumido de ser un amante de las causas perdidas. Como Zapatero, yo también creo en las utopías y tengo planes para fundar una ONG: “Save la SER”.