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Tribuna libre

El Louvre quiere “vender su alma” y personalidades del mundo del Arte lo denuncian con un manifiesto

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Casi mil personas, historiadores de arte, arqueólogos, antiquarios o directores de museos, han firmado ya una petición para exigir que el gobierno mantenga “la integridad de las colecciones de museos franceses”.

En el origen de esta iniciativa está una tribuna publicada en Le Monde bajo el título “Los museos no están a la venta”. En este texto, obra de Françoise Cachim, directora honoraria de museos de Francia, Jean Clair, conservador honorario y escritor, y Roland Recht, profesor del Colegio de Francia, los autores denuncian la pérdida de rumbo del museo del Louvre con la puesta en marcha, de momento, de dos proyectos, uno en Atlanta (Estados Unidos) y otro en Abu Dhabi (Emiratos Arabes Unidos).

Acusan al Guggenheim de Nueva York de ser el “desastroso pionero de la exportación previo pago” de sus colecciones, y de enorgullecerse de ser un “entertainment business”, mientras que la ética del resto de museos del otro lado del Atlántico y del resto de Europa sigue intacta, al menos de momento, dando prioridad a la investigación, al enriquecimiento de las colecciones, al trabajo científico de los conservadores o al papel educativo de estas instituciones.

Pero lanzan una señal de alarma contra la comercialización desenfrenada del patrimonio público, especialmente a través de los “loan fees” (préstamos previo pago) de obras, que parece comienza a tomar fuerza entre los responsables del museo del Louvre.

Les parece inadmisible que obras de Poussin, Rafael o Murillo hayan sido “depositadas en la rica ciudad de la Coca-Cola (...) a cambio de 13 millones de euros”. O, peor todavía, “el ejemplo alarmante” de la construcción en un lugar turístico de Abu Dhabi, de cuatro museos, uno de ellos bajo la marca “Louvre”, que “obligará a todos nuestros grandes museos a préstamos a largo plazo” por culpa de los “responsables políticos que han ido a ofrecer este regalo real y diplomático a cambio de mil millones de euros”.

Los firmantes aseguran que no hacen ascos ni al dinero, ni al mecenazgo, ni a los Estados Unidos de America, pero los objetos del patrimonio “no son bienes de consumo” y estos trueques comerciales y mediáticos son lo más parecido a “vender el alma”.