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Tribuna libre

Mariano Nosoy

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Las grandes embestidas al Presidente del Partido Popular ya no vienen de El País, ni de Público, sino de la Cadena COPE y El Mundo.

Perdieron las elecciones y también la cabeza. Pepiño Blanco disfruta ahora con cada telediario. Se prepara grandes tazas de chocolate caliente y moja churros con alegría mientras contempla cómo la oposición la emprende a bofetadas con la propia oposición. Tal vez por eso ha tenido que ponerse a dieta, según revelaba el lunes este confidencial. Está engordando de pura felicidad. Los ve y disfruta: Rajoy contra Aguirre, Aguirre contra el mundo, Cascos palpando bien la herida y Gallardón jugando a descuidero. Fue Alfonso Guerra el que dijo aquello de “el que se mueva no sale en la foto”. Leído ahora parece mentira que el viejo líder socialista no estuviera aludiendo al actual Partido Popular, cada día más partido y menos popular.

Los medios de comunicación reflejan lo mismo que acontece dentro del PP: unos están contra Rajoy, otros están con él, y la mayoría están intentando no definirse para no equivocarse. Los últimos están dando una triste demostración de cobardía, los primeros son minoría y los segundos están arriesgando peligrosamente su futuro. Escribo esto del futuro porque es un error pensar que los periódicos adolescentes pueden sobrevivir a estos tiempos efectuando enigmáticas piruetas con su línea editorial. No hay, en los medios aún jóvenes, tantos clientes “por inercia” como algunos creen, sino lectores que examinan día a día la coherencia ideológica del periódico antes de comprarlo. No sé si me explico.

Algunos medios no están de acuerdo con la forma de actuar de Mariano Rajoy y con la falta de libertad que se respira estos días en el PP, pero no se atreven a contarlo porque sus lectores son de derechas. Otros apoyan a Rajoy porque es el “candidato oficial”, aunque, visto lo visto, quizá debería cambiar de nombre: Nuevo Rajoy, Rajoy Porhoy o Rajoy Refundado, le vendrían bien, porque este Mariano se parece muy poco al que fue líder de la oposición entre el 2004 y el 2008. Si sigue en la línea de las últimas semanas, quizá debería presentarse a las elecciones como Mariano Nosoy, para evitar confusiones.

Las grandes embestidas al Presidente del PP ya no vienen de El País, ni de Público, sino de la COPE y El Mundo. Es precisamente a la COPE -y en particular, a Federico Jiménez Losantos- a quien hay que concederle la medalla de la coherencia en esta carrera de obstáculos. Guste o no, el discurso que ha partido de sus micrófonos no ha variado ni un milímetro en los últimos tiempos, cosa que no puede decirse de algunos populares, ni de los principales periódicos que simpatizan con la derecha. Jiménez Losantos se equivoca y pierde credibilidad cuando, siendo tan crítico con todo lo demás, da ese apoyo tan incondicional a Esperanza Aguirre, como si la presidenta nunca cometiera errores. Pero si Mariano, Pedro Arriola, Pío y Soraya creen que pueden ganar unas elecciones enfrentándose a la COPE y a su principal comunicador, y contando con un supuesto apoyo de El País y de la mujer de Enric Sopena, es que se han vuelto locos. Ni la COPE es un enemigo rentable, ni la mujer de Sopena es buena compañía para un partido de derechas, o de lo que sea el PP.

Al contrario de lo que ha demostrado el votante de izquierdas, el de derechas no tolera la traición a ciertos principios, o el titubeo en la defensa de derechos fundamentales. Así que es posible que esta estrategia de oposición enamorada del Gobierno que está llevando a cabo la nueva portavoz del PP pueda resultar útil para arañar medio millón de votos en unas elecciones, pero lo que es seguro es que servirá para perder muchos más. La derecha se está suicidando. Los principales rostros del PP no se atreven a enfrentarse a lo establecido. Temen quedarse fuera cuando lleguen los nombramientos. Al PP le encanta aparentar una falsísima unidad que se manifiesta en todo su esplendor cuando Fraga juega a ser Don Juan Carlos contra Chávez en la última cumbre Iberoamericana, y se topa con que Esperanza no está dispuesta a asumir ese disparatado reparto de papeles.

Es posible que al PP sólo le quede una salida: recordar que en el partido caben todos los que defiendan la democracia, la unidad de España, el rechazo al terrorismo, la libertad económica e individual, los derechos humanos, los principales valores del cristianismo, y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Da igual de dónde vengan y a dónde vayan. En tiempos de crisis conviene recordar que lo importante son las ideas, no los bigotes. Al fin y al cabo, aunque Pujalte se quite el bigote, Pujalte se queda.