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Matahombres de Oro

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A vueltas con las tradiciones. Algunos medios recogieron en los últimos días la noticia de que la cantante Cristina del Valle había sido galardonada con el premio “Matahombres de Oro” en el contexto de la tradicional celebración de la fiesta de Santa Águeda en Zamarramala (Segovia). Esta fiesta se celebra desde hace 778 años en esta pequeña localidad y se define como “el día en que las mujeres toman el mando”. Cristina del Valle es vocalista —con Alberto Comesaña- del grupo Amistades Peligrosas, presidenta de la Plataforma Mujeres Artistas e icono reconocido del progresismo feminista nacional. Además desde hace algunas semanas flota en la Red la web ‘ellasdanlanota.com’ desde donde se informa puntualmente de todas las actividades de la plataforma que preside Cristina y de la propia artista. Si existiese un galardón llamado “Matamujeres de Oro”, por muchos siglos de tradición que tuviese el premio, Cristina —ni posiblemente su compañero de Amistades Peligrosas, Alberto Comesaña-, como es natural, nunca se prestaría a recoger este premio. Cierto es que el premio Matahombres de Oro se define como un galardón que se entrega “a las personas que se distinguen por su labor a favor de los derechos femeninos”. Lo cual no quita que el propio nombramiento de Cristina del Valle —o de la presentadora de Canal + Ana García Siñeriz el pasado año- como Matahombres de Oro pueda considerarse ofensivo y denigrante para los hombres y que además genere muchas sombras sobre lo que realmente parece significar la celebración. Pero me da la impresión de que Cristina es de esas muchas artistas que, a pesar de las buenas intenciones, que se le presuponen, se equivocan con frecuencia en la orientación final de sus reivindicaciones. Si habitualmente comento que la utilización política del arte me resulta aburrida, prescindible y, a veces, perversa, en el caso de algunas de las actividades de la ex Amistades Peligrosas no creo lo mismo. Por ejemplo, me parece lícito, necesario e interesante que un grupo de artistas —no entiendo por qué sólo mujeres- se unan contra la mal llamada “violencia de género” a través de una plataforma. Entre otras cosas porque esto, a priori, no tendría por qué tener nada de político y sí bastante de social. La transparencia y buenas intenciones de la causa son evidentes. No lo parecen tanto algunas de las manifestaciones que la artista ha presidido bajo el lema ‘por la paz’ en los últimos años, ya que a veces han ido cargadas de altos contenidos políticos y muy pocos pacifistas. Sirva el ejemplo del incondicional apoyo a la ‘causa palestina’ en una actitud que no parece del todo justa con la totalidad de los afectados por el complicadísimo conflicto. Aunque nada más lejos de mi intención que juzgar en este momento las libres interpretaciones de política internacional que pueda tener Cristina del Valle. Entre otras cosas porque dudo que mis apreciaciones despierten el más mínimo interés de la vocalista de Amistades Peligrosas. Lo que realmente me asombra es la naturalidad y tranquilidad con que determinadas representantes del feminismo asumen, gracias al peso de la tradición, que exista un premio llamado Matahombres de Oro y mujeres que ocupan supuestamente la primera línea de la defensa de los derechos humanos se presten a recibirlo entre sonrisas, cánticos festivos y aplausos. Cristina del Valle encabeza la lista de mujeres que luchan contra la violencia de género, las manifestaciones por la paz y diversos tipos de reivindicaciones contra las desigualdades e injusticias del mundo entero. Lleva casi toda su vida apoyando diversas causas solidarias y ha recibido múltiples galardones por su incesante labor. Toda su carrera artística ha girado también en torno al ‘mundo solidario’. Sin embargo, la artista debería ser consecuente y renunciar a este siniestro título. De lo contrario algunos podrían echar la mente a volar y sin demasiada maldad llegar a pensar que lo que desea Cristina es cambiar unas desigualdades por otras.