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Tribuna libre

Ministro cirujano de Economía

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Como quiera que la política económica exigirá hacer ajustes impositivos en Renta y Sociedades, al menos que los políticos nos digan las verdad sobre esos recortes

A base de repetirlo como argumento de razón, han acabado por creérselo. Me refiero al argumento, casi grosero, de que “hay dinero en caja” y por eso se pueden hacer toda clase de promesas electorales. El ahorro en el gasto no existe, no ha existido en decenios, en la Administración española, sólo excesos de recaudación, sobre cifras previamente manipuladas para dar una cierta presentabilidad a los Presupuestos.

Ese dinero que hay en caja no es tal, ningún ministro tiene dinero en una alcancía que no corresponda a cada anualidad vigente. Gaste todo disponible o no. No se sorprendan ni se enfaden los iniciados por la simpleza de estas aseveraciones. He asistido a conversaciones entre gente formada que piensan que los ministerios guardan en cuenta corriente lo que no gastan de un año para otro. Entre ellos, bastantes tertulianos hacen afirmaciones contundentes al respecto. “No es una oferta vana, porque lo que sobra es dinero para hacerla frente”, dijo uno aposentado con firmeza en los platós.

La combinación de menos ingresos (ya que el Gobierno se empeñó en ignorar la caída de actividad en el cuadro macroeconómico de los Presupuestos Generales del Estado) con mayores gastos en prestaciones de la Seguridad Social, que es la que corre con la parte mollar del actual superávit, puede hacer olvidar en un solo año los excedentes de los anteriores. Y eso sin cumplir las promesas electorales.

Pero, como quiera que la política económica exigirá hacer ajustes impositivos en Renta y Sociedades, al menos, para que no se derrumbe el consumo y se pueda mejorar un poco la declinante competitividad exterior, a lo que deben de ponerse los políticos en esta insufrible vigilia electoral es a decirnos la verdad sobre dónde y cuánto van a recortar las adiposidades presupuestarias en cuanto salgan agraciados con el gordo del 9 de marzo, rojo en el calendario y marrón para el próximo ministro de Economía, o similar.