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Mirando a las elecciones

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Nos esperan seis meses donde todo el quehacer político y por ende su reflejo en los medios de comunicación va a pivotar en torno a las próximas elecciones generales.

Si el Presidente del Gobierno, que es a quien constitucionalmente le corresponde la potestad de convocar elecciones, no lo remedia y no decide adelantar la cita con las urnas, nos esperan seis meses donde todo el quehacer político y por ende su reflejo en los medios de comunicación va a pivotar en torno a las próximas elecciones generales. Y seis meses de precampaña son muchos meses. Dicho de forma coloquial: puede ser un auténtico tostonazo para los ciudadanos.

Es cierto que serán unas elecciones importantes donde los dos grandes partidos nacionales y sus respectivos líderes van a ir a “cara de perro”. Zapatero, porque para él y para su partido sería un auténtico fracaso político perder unas elecciones generales a los cuatro años de haber llegado al poder. Eso nunca ha sucedió en nuestra todavía joven democracia. Adolfo Suárez y la UCD ganaron en 1977 y en el 79; Felipe González y el PSOE en el 82, 86, 89 y 93 y Aznar y el PP en el 96 y en el 2000.

Para Mariano Rajoy las próximas elecciones también son cruciales. Cómo muy bien dijo en su día el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, el actual líder del PP sólo tiene una bala en la recámara y si falla ese tiro, tendrá que retirarse por mucho que siga manifestando sus deseos de seguir al frente del PP aunque pierda. Si Rajoy gana, no habrá ningún problema en su partido, pero si pierde, la catarsis tendrá que producirse y afectará sobre todo a personas y a equipos.

Sería de desear, aunque quizás sea una petición llena de ingenuidad, que en estos seis meses que muy probablemente quedan hasta la cita con las urnas, los dos grandes partidos rebajen el nivel de crispación y de enfrentamiento que ha caracterizado la actual legislatura. Que se dediquen a explicar, con argumentos, sus propuestas, su programa electoral, sin necesidad de tener que estar descalificando constantemente al adversario político. Realmente esto puede parecer un imposible, pero estoy convencido que muchos ciudadanos agradecerían un planteamiento preelectoral de este tipo.

El patio político se ha animado en los últimos días con el anuncio del nacimiento de un nuevo partido: el que impulsan algunos de los miembros fundadores del movimiento cívico Basta ya, como Rosa Diez, Fernando Savater o Carlos Martínez Gorriarán. Da un cierto sonrojo decir que el nacimiento de una nueva formación política es en sí una buena noticia porque refuerza la oferta a los ciudadanos y eso, en democracia, es muy saludable.

Otra cosa es el espacio y las posibilidades de este nuevo partido que de momento por no tener, no tiene ni nombre. En último término serán los ciudadanos los que dicten su veredicto en las urnas. Precedentes sobre la suerte corrida por nuevos partidos  hay para todos los gustos, aunque predominan los que acabaron en un auténtico fiasco. Baste recordar la que se conoció como “operación Roca” con su Partido Reformista; el CDS de Adolfo Suárez o Democracia Socialista que en su día lideró Ricardo García Damborenea. En el otro lado de la balanza se podría citar a la Agrupación de Electores impulsada por el empresario Ruiz Mateos que en unas elecciones europeas, las de 1989 consiguió tres escaños o la más reciente de Ciudadanos de Cataluña que obtuvo tres diputados en las últimas elecciones autonómicas en aquel territorio.

No van a ser meses tranquilos ni mucho menos, porque a la ya de por sí complicada dinámica preelectoral hay que añadir la amenaza constante de la banda terrorista ETA. De momento ha atentado sin causar víctimas mortales y lo único que cabe esperar es que sigan los éxitos en forma de detenciones por parte de los Cuerpos y de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero con ser esto último básico y muy importante, no es suficiente. Hace falta que el Presidente del Gobierno mande un mensaje claro a los terroristas y que no es otro que el que nunca van a conseguir ninguno de sus objetivos políticos a través de la violencia y que en consecuencia nunca más un Gobierno democrático volverá a entablar  una negociación política con los terroristas, como en los tres últimos años ha hecho Zapatero.

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