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La vida misma

Moscovici, el amigo europeo

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Decididamente Pedro Sánchez suelto es una incógnita. Es más, a la vista de sus posiciones con respecto al acuerdo de Libre Comercio con Canadá, el recién reestrenado secretario del PSOE es un peligro.

Un artículo de...

Luis Ángel De la Viuda
Luis Ángel De la Viuda

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A lo mejor al final no pasa nada, pero la indecisión, el capricho y la inseguridad del líder socialista marca serios hitos de preocupación y desasosiego.

Con el eco lejano de Lope de Vega, en veinticuatro horas más de tres decisiones de voto “pasaron” del caletre sanchista a la posición oficial del, durante muchos años, primer partido de gobierno y partido de la oposición, aunque ahora mismo es temerario adjudicarle cualquiera de estas dos categorías políticas.

¿Qué hubiera sucedido si el comisario europeo de Economía no hubiera estado a tiro este jueves para reconvenir a Sánchez, hacerle entrar en difusa razón y dejarle bien claro “que se puede ser socialista pero, por encima de todo, se ha de ser creíble”?

En la primera decisión seria que le ha correspondido a Pedro Sánchez, sus tomas de posición han oscilado entre la incredulidad y el ridículo. Partidario por la mañana, contrario al día siguiente y, finalmente, activo e inoperante abstencionista. No resulta explicable que un líder político, por sí y con todo su partido detrás, no tenga un posicionamiento decidido ante un asunto de tan larga gestación y de consecuencias políticas y técnicas de gran calado. Se oyen voces dentro de los socialistas que vienen del Parlamento Europeo, de las regiones afectadas, de sectores sensibles. Pero sobre todo durante esas apretadas veinticuatro horas hemos oído incoherentes y oportunistas alegatos contra el CETA en un gallinero en el que ha destacado la voz descalificante de la portavoz parlamentaria. Y también los espasmos verticalistas de los sindicatos mayoritarios, empeñados por encima de todo en conservar sus propios privilegios sin medir la repercusión en el tejido político y económico de España.

En fin, menos mal que inesperadamente apareció el comisario Pierre Moscovici, que con una media sonrisa de francés autosuficiente y en su papel de amigo europeo recondujo los intrincados caminos mentales de nuestro primer socialista. Así que por lo menos este fin de semana, muchos españoles han podido olvidarse de las aprensiones descocadas de un dirigente inmaduro y con síntomas claros de resentimiento contenido.

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