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Tribuna libre

Moscú y Washington: cambios profundos en el Cuerpo Diplomático

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William Joseph Burns, actual subsecretario de Estado norteamericano, podría ser el nuevo embajador estadounidense en Rusia. Se trata de un diplomático con mucha experiencia, cercano a Colin Powell, que se ha caracterizado por su sentido común y por su distanciamiento de los llamados halcones.

 

Según los expertos, si esta candidatura prospera, y en principio no hay obstáculos para ello, la embajada de Moscú tendría mayor influencia en la política del Departamento de Estado y de la Casa Blanca, fundamentalmente porque Burns conoce a Condoleezza Rice desde hace tiempo y ella tiene muy en cuenta sus consejos.

 

Entre los puntos fuertes del que sería nuevo embajador figuran el dominio de la lengua rusa, su licenciatura en Historia y el conocimiento de Rusia, país donde ya trabajó como asesor político del embajador. En el currículum de este diplomático solo falta un detalle: no ha conocido personalmente a Osama Bin Laden.

 

En esto, Washington lleva cierta delantera, pues el hasta ahora embajador de Arabia Saudí en Estados Unidos será relevado por el príncipe Turki Al-Faisal, ex director de los servicios secretos de Riad, creador de Al Qaeda y antiguo jefe de Osama Bin Laden.

 

El príncipe llegó al frente del servicio de inteligencia saudí en 1973 y creó este organismo prácticamente desde cero. Su mayor éxito lo obtuvo durante la guerra en Afganistán, cuando la estructura encabezada por Al-Faisal, asistida por la CIA, empezó a prestar apoyo a los muyahidines afganos en su lucha contra los soviéticos. Fue en aquellas circunstancias, en 1978, cuando el príncipe Turki conoció a Osama Bin Laden, entonces un joven empresario descendiente de una próspera familia. Le encargó organizar el envío de voluntarios Árabes a Afganistán. La CIA y los servicios secretos de Arabia Saudí financiaban aquella operación y Bin Laden se responsabilizó del traslado, alojamiento y aprovisionamiento de los muyahidines.

 

A Bin Laden le pagaban en función del número de combatientes reclutados, de manera que, para mantener un sistema de control interno, entregaba a cada uno un cuestionario para rellenar, cuyas copias se remitían a Riad y a Langley. Ese archivo, que Bin Laden fue generando por encargo del príncipe Al-Faisal, dio origen al proyecto Al Qaeda, que en Árabe significa literalmente dossier o base de datos. Una vez terminada la guerra en Afganistán, los muyahidines se dispersaron, pero Bin Laden conservó aquella lista confeccionada por él mismo.

 

Tanto la Unión Soviética como Estados Unidos coincidieron, durante la guerra de Afganistán, en formar a los propios traidores. Los pupilos soviéticos desaparecieron sin dejar huella y los de EEUU, en cambio, decidieron demostrar que habían superado a sus maestros.

 

No dudo de que la candidatura del nuevo embajador saudí recibirá el visto bueno, porque Al-Faisal cuenta en EEUU con muchos amigos influyentes, quienes hasta ahora no han sacado conclusión alguna respecto a los errores cometidos en el pasado.

 

En una entrevista concedida por el Sr. Brzezinsky a Le Nouvel Observateur, en 1998, se decía lo siguiente:

Pregunta: Cuando los soviéticos justificaban su intervención por la injerencia secreta de Estados Unidos en los asuntos de Afganistán, nadie les daba crédito. Sin embargo, era cierto. No lamenta usted nada hoy?

 

Brzezinsky: No hay nada que lamentar. Aquella acción secreta era una idea excelente. Como resultado, los rusos cayeron en la trampa afgana.

Pregunta: Se arrepiente de haber prestado apoyo al fundamentalismo islámico, proporcionando armas y asesoramiento a futuros terroristas?

Brzezinsky: ¿Qué es más importante para la historia mundial?  ¿La caída del imperio soviético o los talibanes, un grupúsculo de fanáticos musulmanes?

Pregunta: ¿Un grupúsculo de fanáticos religiosos? Pero mucha gente afirma que el fundamentalismo islámico representa hoy una amenaza para todo el planeta.

Brzezinsky: ¡Tonterías!

 

Esas “tonterías” explotaron el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Previamente, habían explotado en reiteradas ocasiones en Moscú, y más tarde, en Madrid y Londres. La semana pasada hubo explosiones en Irak, en el balneario egipcio de Sharm El Sheikh, en el territorio ruso de Daguestán y en varios lugares más.

 

Por ello, hoy, al dar la bienvenida al nuevo embajador de EEUU en Moscú, me compadezco sinceramente de los familiares de aquellos ciudadanos estadounidenses que fallecieron el 11 de septiembre de 2001. Ojalá que nunca se tropiecen en las calles de Nueva York con la persona responsable de haber formado a Bin Laden.

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