Miércoles 07/12/2016. Actualizado 12:04h

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Tribuna libre

Náuseas y caspas

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Entre la caspa de Montilla y los vómitos y náuseas de José Blanco, la verdad es que esto se está poniendo bastante asquerosito.

Nuestros políticos se están poniendo demasiado escatológicos. Entre la caspa de Montilla y los vómitos y náuseas de José Blanco, la verdad es que esto se está poniendo bastante asquerosito.

La política española consiste fundamentalmente en que los políticos se insultan y se descalifican a través de los medios de comunicación. Es un bucle constante de declaraciones y de entrevistas en las que apenas aparecen propuestas a los gobernados o proyectos e iniciativas para gobernar. Lo normal es que se contesten unos a otros con más o menos ingenio –más bien menos- y con epítetos que dicen bastante poco de quien los emplea.

Ahora están en la fase púber del ‘caca, culo, pedo, pis’. Y así Blanco nos cuenta, un día sí y otro también, las náuseas y los vómitos que padece y que son provocadas por lo que dicen los políticos del Partido Popular; Montilla se ha hecho un especialista en caspa y nos coloca aquello de ‘política rancia y casposa’ y hasta el Lehendakari siente asco por lo que hace la ETA.

No sabemos muy bien la finalidad de esos adjetivos, ni tampoco qué quiere decir en realidad que una política es ‘casposa’ o que las declaraciones de los miembros de un partido político producen arcadas. Es evidente que el primer objetivo es abiertamente peyorativo, quiere dejar al político calificado a los pies de los caballos y deteriorar su imagen de cara a los ciudadanos. ¿Sólo eso? Pues la verdad es que es poco, y además pobre.

No estaría de más que nuestros políticos más ‘faltones’ –que diría Rodríguez Zapatero- se pasaran en algún momento por los archivos del Congreso de los Diputados y se leyeran algunas de las actas de las sesiones de hace unos años -sin ir más atrás en el tiempo- y se enteraran de lo que se decían los diputados en la II República o incluso durante la Transición, y verían que eran mucho más duros, más ‘vitriólicos’ pero infinitamente más ingeniosos que ellos.