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¿Está Occidente contra los cristianos?

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El mundo ha llegado a un punto en que todos necesitan estar protegidos

Son constantes los llamamientos a mostrarnos tolerantes con los musulmanes, a lo que el autor de estas líneas no se opone en absoluto; quisiera, sin embargo, llamar la atención sobre un fenómeno nuevo que se ha manifestado de manera nítida ya en este siglo. No sé el porqué de la evidente estupidez de la actual élite occidental, pero mucho de lo que ahora está haciendo afecta al cristianismo. A todas sus corrientes a la vez.   Leo una noticia reciente: Abuna Andraos, obispo auxiliar de la Iglesia Católica Caldea en Irak, califica de catastróficos los ritmos de disminución del número de comunidades cristianas en Irak. “Desesperación, pesimismo y temor constante obligan a abandonar Irak a un creciente número de cristianos. La gente no quiere abandonar su país pero se ve forzada a hacerlo, dada la situación”, manifestó Andraos. Al decir de este jerarca eclesiástico, las cosas en lo que se refiere a la protección de la situación y derechos de los cristianos han empeorado mucho tras las elecciones parlamentarias celebradas en diciembre pasado. “Irak está repleto de policías, su número crece sin cesar, sobre todo en los alrededores de Bagdad, pero los resultados de su labor son pobres”, hace constar. Es decir, los señores Bush y Blair afirman que Irak se va democratizando y que la situación va mejorando, pero que los que viven allí no tienen motivo para alegrarse ni de las recientemente celebradas “elecciones parlamentarias democráticas” ni de un sorprendente aumento en las calles de las fuerzas del orden público que, según piensan los artífices de la democracia iraquí, deben sustituir a las tropas de ocupación.   “Se ha derramado la sangre de muchos de nuestros hermanos, muchos nuestros niños han quedado huérfanos —lamenta Andraos, quien añade—: aunque en las iglesias hay muchos feligreses, al salir a la calle uno se da cuenta de que los cristianos de Irak están al borde de la desaparición”. Según datos publicados por The Universe Catholic Newspaper, hoy día en Irak viven cerca de 750.000 cristianos, mientras que antes de la invasión norteamericana eran cerca de un millón.   De modo que la invasión de Irak ha provocado “el fin” de la cristiandad en ese país: los cristianos que han escapado de los bombardeos estadounidenses tendrán que ahora que escapar de nuevo para ponerse a salvo, esta vez de la nueva policía iraquí, que protege al cristiano cuando éste sale de la iglesia de una manera un tanto «peculiar».   En Afganistán, después de que la coalición occidental llegara y venciera a los talibán, los afganos “liberados” por Occidente estuvieron a punto de condenar a la pena de muerte a un ciudadano propio sólo por haber abrazado la fe cristiana. Y cuando el hombre salió libre gracias a las presiones internacionales, multitud de ciudadanos protestaron airadamente, descontentos porque su paisano había evitado ser asesinado. Estos sucesos nos han demostrado que si bien en Afganistán se operan algunos cambios positivos, no tocan en absoluto lo concerniente a la Sharia y afectan poco la mentalidad de la mayoría de los habitantes de ese país. La tortuga de los cambios se arrastrará aún durante mucho tiempo por la tierra afgana antes de que sus gentes lleguen a darse cuenta de que el cristiano es también un ser humano. Esta tortuga sobrevivirá tanto al presidente Karzai como al presidente Bush. De modo que está absolutamente claro que tiene que pasar muchísimo tiempo antes de que otro afgano se atreva a pasarse al cristianismo. Más aun, es de suponer después de esta historia la actitud de los afganos hacia los cristianos no mejorará nada.   Pero volvamos a nuestro continente. Es sabido que la Unión Europea ha eliminado del texto de su Constitución toda mención de cristianismo. Como si no hubiera sido éste el que ha formado la civilización europea. A los burócratas europeos les parece que de esta forma se han mostrado correctos con los “nuevos europeos”, aunque en realidad han distorsionado la verdad histórica, ofendiendo de paso a un gran número de “viejos europeos”. Es más, reticencias de esta clase distan de ser inofensivas porque alteran la imagen de Europa. No estoy seguro de que la cambien para mejor.   Leo la carta de uno de mis lectores: “¡Imagínate —dice—, aquí en Escandinavia las mezquitas crecen como espuma! Y eso en un país que, aparte de Thor y Cristo, no conoció a nadie durante milenios”. El autor de la carta afirma que la policía acaba enérgicamente con el descontento de los cristianos protestantes locales aplicándoles una multa de cuatro mil euros y una privación de libertad por dos-tres meses. “Mientras tanto, decenas de mullahs en las mezquitas llaman a aniquilar a los judíos y a los cristianos infieles —dice—, pero en este caso la ley permanece callada. Estos son hechos reales sacados de las realidades escandinava y británica”.   Si esto no es exageración, ni siquiera en el corazón de Europa un cristiano puede sentirse tranquilo. Y, ¿quién tiene la culpa sino los propios europeos?   O este otro ejemplo. Por más dictador que fuera Slobodan Milosevic, recientemente fallecido en la cárcel del Tribunal de La Haya, ése no es motivo para expulsar de Kosovo a todos los cristianos, esta vez ortodoxos. Los templos cristianos han sido ensuciados, quemados y profanados por los musulmanes albaneses en connivencia abierta de los “guardianes de paz” europeos. Estamos en el siglo XXI, pero Kosovo es un antiguo emporio de la cultura cristiana. A lo mejor, ni los “guardianes de paz” ni la política son los apropiados.   Es preciso comprender por fin que una actitud correcta selectiva no es una actitud correcta sino su remedo artificial. Si se respeta a los musulmanes, es necesario también respectar a los cristianos. Si se respeta a los católicos, que se respete a los cristianos ortodoxos. Si se respeta a los de piel negra, que se respete a los de piel blanca. Si se respeta a los palestinos, que se respete a los israelíes.   Y por último. Cuando se mete en un enjambre de abejas como Irak o Kosovo, Occidente no tiene derecho a olvidarse de los que están cerca: respetad a las personas sencillas y pacíficas que no tienen absolutamente nada que ver con vuestras disputas políticas. Quiero recordar una vez más que durante la intervención norteamericana de Irak, escaparon del país 250 mil cristianos; y que Kosovo tuvieron que abandonarlo prácticamente todos los que llevaban cruz sobre el pecho.   A diferencia de muchos críticos de cine que piensan que la película Crash, del realizador canadiense Paul Haggis, ganó el Oscar a la mejor película de manera inmerecida, estoy convencido de que los autores del filme han sabido tocar el que quizá es el conflicto principal de nuestro siglo: el choque de las personas que pertenecen a civilizaciones distintas pero que están obligadas a compartir el mismo techo.   El mundo ha llegado a un punto en que todos necesitan estar protegidos: el racismo negro no es mejor que el blanco y el fanatismo religioso es horrible, parta de donde parta. De modo que la élite política occidental y los defensores de los derechos humanos tienen que ajustar su brújula. Ha llegado la hora de proteger a los cristianos.