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Tribuna libre

Si el País Vasco es una sociedad enferma, el PNV está en estado comatoso e Ibarretxe a punto de desaparecer en el Tibet

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Proliferan las declaraciones de políticos vascos que no están por la labor de hacer las tareas que les viene poniendo Ibarretxe. Cada vez se habla menos del referéndum y más de un ‘nuevo’ PNV.

Lo que está pasando en Euskadi puede ser síntoma de que aquella sociedad está enferma, como ha dicho alguno de sus más conspicuos políticos, pero lo cierto es que, de nuevo -¿ha dejado de estarlo alguna vez?- el ‘tema vasco’ está en el candelero.

Las mociones de censura, de ética o de estética, que se han sacado de la manga algunos partidos políticos sólo han servido para que Ezker Batua, la Izquierda Unida de Madrazo, se quite la careta y deje con las vergüenzas al aire a quienes pretenden hacernos creer que esa formación está por solucionar las cosas, aunque sea con soluciones tan absurdas y fuera del tiesto democrático, como esa bobada de las ‘mociones éticas’.

Y aparte, juntos pero no revueltos, se ha desatado la galerna del Cantábrico en el Partido Nacionalista Vasco. La llegada de Urkullu y su ejecutoria están sorprendiendo a muchos. Hablando en plata, el actual presidente, se quiere cargar- en lo político- al Lehendakari.

Ibarretxe, a parte del delirium tremens en que se ha sumido viajando al Tibet, al menos de forma virtual –respeto a España igual que el Dalai lama a China-, es un político amortizado. Lo lleva siendo hace años. Desde que emprendió una carrera desenfrenada hacia la nada – ahora nos hemos enterado de que era una carrera con destino en las montañas nevadas.

 Ha sido Urkullu el que ha sacado al balcón la situación de Ibarretxe y lo que está pasandocon el tripartito y ahora, entre enfados y salidas de tono, -que igual están pactadas- se arrima al ascua del Partido Socialista a ver que cae.

Todo es válido siempre que no se mezclen las churras del nacionalismo y de la política, con las merinas de hacerle el juego a los terroristas y a los ‘aenesuves’ en Mondragón o en dónde sea.

Mientras, el PSOE espera y baraja posibilidades que, dicho sea de paso, están todas sobre la mesa de Rodríguez Zapatero, que hasta tiene tiempo para crear nuevos barones con expectativas de futuro y que se siente ‘sobrado’, y con razón, ante lo del PNV y no digamos nada si dirige el catalejo hacia los pisos altos de Génova.

Acebes, que estaba en silencio, cena con Rato. Y Rato, que no quería saber nada, cena con Acebes para hablar de la situación del partido. Esperanza Aguirre ya habla en francés, debe de ser por la cercanía del 2 de Mayo, para decir que no se presenta –´ou oui’- y ya maneja hasta adhesiones inquebrantables. Ruíz Gallardón dice que está dispuesto a simultanear tareas, y Rajoy que según algunas lenguas –viperinas por supuesto-  no es que no se sepa si sube o si baja, sino que no lo sabe ni él.

¿Zaplana sigue en la brecha? Sí, Zaplana sigue en la brecha. Y habla de la propiedad de los votos de los compromisarios ahora que las primarias preocupan más en el Partido Popular que el crecimiento de nuestra economía a Pedro Solbes. El Vicepresidente, ahora que ya no está en campaña y que por no crecerle no le crecen ni los enanos, nos va a racionar hasta el arroz. Que como se entere Ibarretxe ya no va a respetar a España y se va a marchar con el Dalai Lama para siempre (lo que tampoco es mala idea). Y es que,, sin superavit nos estamos quedando en nada y a nuestro lado el Tibet, va a ser jauja.

Y Soraya, siempre Soraya, que además de llamar ’activo del partido’ a Esperanza Aguirre –que ya es llamar- está tan contenta porque le han dado las mismas comisiones que en la legislatura pasada, sin querer hacer cuentas para no ver  que se ha aumentado el número y, por lo tanto, tocan a más. Pero cada uno es muy dueño de administrar sus triunfos. Ya ven el Barça, tan contento con empatar a cero con el Manchester en el Camp Nou.

Semana de las letras, semana del Premio Cervantes, semana del Quijote y semana en la que los españoles, gracias a don Miguel, nos hemos convencido de que sí, de que los políticos, al menos algunos, saben leer.