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El País o la mujer del César

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"La mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo". Con estas palabras terminaba el domingo "La defensora del lector" de El País, Malén Aznárez, su curioso escrito sobre el "caso Echevarría", el crítico literario que ha denunciado un acto de censura por parte del periódico de Polanco. El artículo de Aznárez es valiente y razonable pues responde con claridad a las quejas de los lectores que, en un número cercano a la veintena —como reconoce la propia "defensora"-, le han enviado cartas quejándose de la actuación de los directivos de PRISA. Me ha llamado la atención el recurso a la conocida frase sobre la parienta del emperador romano porque da pie a algunas conclusiones. Aznárez termina su pieza explicando que "si los lectores están por encima de todo, es precisamente en casos como éste (el de Echevarría) cuando el cuidado ha de ser exquisito. La credibilidad —continúa la Defensora- es difícil de alcanzar, pero se pierde con facilidad". Y concluye con lo de la mujer César y su honradez. ¿De qué César habla Malén Aznárez? El artículo de marras aborda de frente y con bastante honradez el caso Echevarría. Formula a los protagonistas de la polémica las preguntas más directas y da pie a que cada uno explique su visión del caso. Muy en la línea, por otro lado, de esa reputación de diario serio y solvente, labrada a lo largo de casi treinta años de correcto desempeño. Habrá a quien la cabecera le resulte más o menos simpática ideológicamente, pero cualquier profesional de la información debe reconocer que El País se ha hecho acreedor de un prestigio de competencia y buen hacer, cimentado —como no podía ser de otra forma- en un equipo humano muy capaz. Pero si es justo reconocer todo esto, también lo es llamar la atención sobre la deriva en la que parece haber entrado este diario desde hace algunos meses. Los actuales responsables del periódico parecen empeñados en tirar por la borda esa reputación acumulada, reconocida incluso fuera de nuestras fronteras. Nunca como ahora el diario de Polanco se ha visto pillado en tantos renuncios, desmentidos y demostraciones de falta de rigor profesional. Tres ejemplos recientes: el seguro de vida contratado por el ministro Federico Trillo (en vigor desde la época de Felipe González y que incluía al actual Gobierno), el supuesto borrado de datos del anterior equipo de Presidencia (clónico al realizado por el PSOE en 1996, al dejar Moncloa) y la denuncia contra un ofensivo Grupo Risa (falsamente vinculado a la cadena COPE). Retomando las palabras de Malén Aznárez, podemos decir que nunca como hasta ahora había quedado tan en evidencia la mujer del César. Es legítimo ofrecer una parte de la realidad como justificación del todo. Será opinable —incluso más o menos tendencioso-, pero legítimo. Ahí está el lector para juzgar y elegir al día siguiente otro rotativo en el quiosco. Pero lo que reflejan ahora los casos mencionados es algo bien distinto: un César ávido de poder y quizá demasiado dispuesto a disponer de su señora para sus tropelías, o una dama complaciente y pronta a tapar los errores del augusto marido al precio que sea. De momento, el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, ha dedicado ya sus primeras críticas al Gobierno que preside Rodríguez Zapatero, argumentando que es "importante" que se empiece a hablar de "los errores y las carencias" del Ejecutivo, que "no son pocas en algunos aspectos". ¿Comienza a darse cuenta la esposa de que el César también debe parecer honrado y, lo que es más importante, serlo?