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Tribuna libre

Papá, dile a Batasuna que no

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Visto lo visto, hay que aferrarse a cualquier tabla de salvación. Y a uno le ha dado por pensar que ellas son nuestra única esperanza. Sí. Me refiero a Laura y Alba, las hijas del presidente. Aquellas dos niñitas, de nueve y once años de edad, que tanta polémica generaron tiempo atrás por unas fotografías publicadas por la revista Diez Minutos. Aquel reportaje fotográfico, que retrataba a las pequeñas a bordo de un barco por el Mediterráneo, hizo que el jefe del Ejecutivo montara en cólera. No aparecían en actitud inconveniente sino muy tranquilas, en compañía de sus padres. Sin embargo, Zapatero y su mujer —con todo el derecho del mundo, por cierto- enviaron un buro-fax urgente a la directora de la revista para exigir la preservación de la intimidad de las menores. La revista entendió, efectivamente, que se había extralimitado y se apresuró a pedir disculpas. Faltaría más. Aquel suceso encendió el eterno debate sobre unos cazadores furtivos llamados también “paparazzis”. Pero a uno siempre le ha parecido que las niñas de Zapatero no son unas niñas cualquiera, sino retoños dignos de singular atención. No hay que olvidar que ellas fueron las que una noche, antes de que su padre saliera de casa para asistir a una cumbre de jefes de Gobierno, le espetaron aquello de: “Papá, dile a Bush que no haga más guerras”. Fue el propio José Luis el que —saltándose esas reclamadas reservas y privacidades de familia- relató regocijado la anécdota. Por eso me atrevo a afirmar que estas niñitas pueden ser nuestra única esperanza. Con la que está cayendo en el País Vasco y la ofuscación que demuestra el ilustre inquilino de La Moncloa, uno no vislumbra más salidas. Batasuna está a punto de consumar su salida del armario; o mejor dicho, su impune regreso a la arena política. Manda huevos. Y el padre de Laura y Alba, en la inopia. Hasta el mismísimo Gregorio Peces Barba se ha atrevido a mandarle un recadito a su mentor, desmarcándose de los que se aferran a circunloquios jurídicos para no llamar a la cosas por su nombre. Zapatero huele la tregua y se niega a impedir este congreso batasuno, que ofende a las víctimas, a los que llevan años dejándose la vida en la lucha contra el terrorismo, a los políticos vascos esclavizados a un escolta, a los exiliados, y a todos los españoles de bien. Con Miguel Bosé, Ana Belén y Víctor Manuel —que celebran en Chile, de la mano de Felipe González, la victoria de Michelle Bachelet- no hay que contar. Tampoco con el Gran Wyoming que, tras su sonado batacazo en la azotea de TVE, se encuentra ahora metido de hoz y coz en un nuevo proyecto para La Sexta. La familia Bardem, tan amante de la pancarta, estará concediendo entrevistas al diario de Jesús de Polanco, o sea, que más de lo mismo. Sin embargo, no olviden que las dos chiquillas de Sonsoles y Zapatero son muy leídas. Fueron capaces de expresar opiniones políticas y aconsejar en su día a “papuchi” respecto a lo que debía y no debía decir al hombre del rancho de Texas, el mismísimo presidente de los Estados Unidos de América. Pues quizá su padre ya les deje ver la televisión hasta tarde y hayan podido escuchar a Iñaki Gabilondo en el telediario de Cuatro relatar la bochornosa convocatoria de Batasuna. “Papá, dile a Batasuna que no. Papá, no te ofusques. Mira que los visionarios que quisieron alcanzar la paz a través de atajos salieron mal parados. Papá, confiamos en ti. Pero no olvides que hay miles de muertos sobre la mesa a los que no se les debe ofender”. “Y otra cosa más, papá: si tenemos que marcharnos de esta casa en La Moncloa por no haber cedido a los pistoleros, la causa habrá merecido la pena. Al menos podremos seguir mirándote a la cara”. Digo yo.

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