Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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¿Paz o rendición?

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Las últimas elecciones en el País Vasco dieron la mayoría absoluta a los partidos nacionalistas, por lo que una vez más se disponen a gobernar, más radicalizados si cabe, debido a los 9 escaños del PCTV. La afirmación de Rodríguez Zapatero de que el Plan Ibarreche ha perdido las elecciones y de que se abre una nueva etapa es una teoría que desgraciadamente es muy difícil que se cumpla.

 

La nueva etapa de la que habla el presidente del Gobierno se inicia con un cambio, muy significativo,  que ya se ha producido, el del lenguaje. Se vuelve a hablar de proceso de paz, obviando el principal problema del País Vasco que es el de la falta de  libertad de la mitad de sus ciudadanos.

 

La Real Academia de la Lengua define la paz como “ausencia de guerra” o bien “estado de concordia entre los miembros de un grupo”.También puede ser el restablecimiento de relaciones amistosas entre estados que estaban en guerra entre sí. La trampa de utilizar el término paz está en que se quiere equiparar a un grupo de terroristas a la organización de un Estado, se les quiere dar la categoría de interlocutores legítimos en un “proceso de paz” lógico después de una guerra. Esta claro que es todo una falacia, una manipulación intencionada que intenta ocultar la verdadera realidad: unos asesinos quieren recoger el fruto político de sus crímenes.

 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice en su Artículo 3 que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona y en el artículo 19 afirma que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. En España y muy especialmente en el País Vasco no se cumplen estos derechos. Ese es el verdadero problema, devolver la libertad a los ciudadanos españoles que viven oprimidos por el yugo nacionalista. Y esa libertad no se recupera con más nacionalismo, ni con mas concesiones, ni con más estatuto, es algo mucho más profundo. Es una cuestión de regeneración ética y moral.

 

Seguir el juego a Ibarreche no  va a ayudar a conseguir que el País Vasco viva en una auténtica democracia, es caer una vez más en la trampa de la doble estrategia nacionalista que ofrece humo a los representantes del Estado a cambio de más y más cesiones que significan más y más opresión para los ciudadanos que no renuncian a su doble condición de españoles y vascos y que por ello se juegan la vida.

 

No queremos la paz de los cementerios, la paz del silencio, la paz del miedo, la paz de la derrota. Queremos vivir en democracia y en libertad y que en todos los territorios de España la ley sea igual para todos. Queremos que los asesinos y sus cómplices sean detenidos, juzgados y que cumplan sus condenas. Queremos que ETA  desaparezca, no que sea legitimada como fuerza política.

 

El camino a seguir no tiene que ser sinuoso y oscuro. Se trata de actuar con integridad, con sentido ético y sobre todo con la Ley y la Justicia como referentes fundamentales, sin tener nada que ocultar y pudiendo mirar a los ojos, por ejemplo, a los miles de huérfanos y viudas que ETA ha desparramado por toda España.

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