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Tribuna libre

Peor que un Gobierno débil es un Gobierno desconcertado... pero Rubalcaba tomó 'una decisión personal'

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El Ministro del Interior ha tomado “una decisión personal”. ¿Se sabe cuándo le comunicó esa decisión personal al Presidente del Gobierno? ¿Tiene idea el Ministro del Interior de cuántas “decisiones personales” más va a tener que tomar en lo sucesivo?

Decía Winston Churchill que hay decisiones de las que un político no puede volver y que le acompañan durante toda su vida. El resto, lo demás, las razones, la legalidad, la moralidad y hasta las excusas “humanitarias”, sobran. Cuando uno toma una ”decisión personal” la toma, y la explicaciones no vienen a cuento.

España tiene un Gobierno evidentemente débil. Un Gobierno que está agachando la cabeza demasiadas veces frente a los asesinos y frente a los delincuentes, frente a otras naciones que nos “chulean” y frente a los nacionalismos que aprovechan su ocasión como no lo habían hecho nunca. Pero todo eso, con ser nefasto, es menos malo que la sensación de tener un Gobierno desconcertado, de tener un Presidente que gobierna a golpe de espasmos políticos y de hipos coyunturales, un Presidente que –sólo en apariencia- parece saber lo que pretende. Llega un momento en que la socorrida “puya” de que lo único que pretende es perpetuarse en el poder se queda raquítica ante la realidad.

Un Presidente y un Gobierno que ejercen en un régimen democrático pero que han vaciado de contenido esa democracia.

La semana se llena de leyes, de resoluciones, de decisiones aparentemente democráticas que contribuyen de manera inmisericorde a vaciar esa democracia.

La excarcelación del etarra De Juana sería el fin de cualquier político en cualquier democracia que fuera algo más que una apariencia. Una democracia que carece de recursos y que, si los tiene, no los emplea para que un asesino convicto y confeso permanezca en prisión, y que permite que ese asesino se burle de la justicia, de los políticos, del sistema y de las víctimas, es menos que una apariencia de democracia.

Un Parlamento que rechaza un millón y medio de firmas que se oponen a las leyes que permiten el matrimonio entre personas homosexuales y a que esas mismas parejas puedan adoptar niños, es un Parlamento que se ha vaciado de contenido democrático.

Un Gobierno que aparenta mirar para el lado de una supuesta neutralidad y que ignora los intereses de miles de accionistas permitiendo las intervenciones desaforadas de empresas públicas de otros países en sectores tan sensibles como el de la energía, es un Gobierno que vive en una simple apariencia de democracia.

Una democracia que legisla en contra del derecho inalienable de los padres a elegir libremente la educación, moral, cívica y religiosa que quieren para sus hijos, es una democracia huera.

Unos poderes públicos que permiten, un día tras otro, que la calle se convierta en un campo de batalla y que los recintos deportivos sean lugares absolutamente inseguros, están vaciando de contenido sus deberes para con los ciudadanos.

El resto da igual y es pura anécdota.

Esta semana hemos asistido a los “besuqueos” de Sarkocy con la derecha en la que Mariano Rajoy pretende poner orden: “Nadie se arrepiente de lo que no ha dicho”, dicen que dijo a sus huestes. Pero alguien podría haberle replicado que un político puede arrepentirse de no haber dicho algo que debería haber dicho. Pura anécdota.

Hemos sido testigos de los escarceos amorosos de algunos partidos con el Gobierno preparando las elecciones. Pura anécdota.

Hemos presenciado “accidentes” de barcos, “accidentes” en Afganistán o  “accidentes” de un Ministro de Asuntos Exteriores en la antigua Yugoslavia. Pura anécdota.

Todo es lo mismo y todo forma parte de un circo político desconcertado y de una democracia vacía.

Zapatero “ve cambios en el discurso” de Otegi y Rubalcaba toma “decisiones personales”. Moratinos escucha cómo un Ministro extranjero le rediseña España y toma la “decisión personal” de decir que no ¿con la boca pequeña?. Clos se muestra neutral ante Enel mientras los italianos hablan de conversaciones previas y Blanco confiesa que él “no desea la muerta de nadie”. Pura anécdota. 

Los obispos se “mojan” y llaman a los padres a ejercer sus derechos frente a las leyes que les niegan la posibilidad de decidir sobre la educación de sus hijos.

Restos de fetos se acumulan en los basureros de ciertas clínicas abortistas y los transexuales celebran que ya pueden cambiar de sexo en el D.N.I, como el que pega una póliza en una instancia ante un funcionario.

Democracia vacía.

Pero De Juana ya está en casa. Y ya se sabe que como en casa de uno no se está en ninguna parte.

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