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Políticos y artistas

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El numerito de las diputadas logró desviar la atención del verdadero tema de debate en el Congreso. Extraño país.

Con la de acusaciones graves que se lanzan unos a otros cada miércoles en el Congreso de los Diputados, ¿cómo pueden haberse ofendido tanto en el partido del Gobierno por el leve comentario de Zaplana al vestuario de De la Vega en su viaje africano? Lejos de ver en esta polémica una actuación machista de Zaplana, lo único que veo es un exceso general de arte en nuestros políticos, tal vez en detrimento de verdaderos principios y valores. Me explico. La popular Soraya Sáenz de Santamaría interpretó con acierto el “gesto de protesta” que las diputadas socialistas llevaron a cabo el pasado miércoles, como un claro ejemplo de “sobreactuación”, algo que por otra parte es el pan nuestro de cada día en el Congreso. Aunque el virtuosismo artístico no es terreno exclusivo de las izquierdas, las diputadas que ayer abandonaron el hemiciclo dieron toda una lección magistral de interpretación. Las palabras posteriores de la Vicepresidenta del Gobierno -borracha de demagogia- advirtiendo a Zaplana de que ella prefiere su imagen de Vicepresidenta con vestuario de mujer africana que la foto de las Azores, serían un buen trailer para el estreno de un film que presente la vida de la clase política española. Hoy la “polémica” sigue abierta y Pepiño Blanco se ha sumado a la película exigiendo a Zaplana que pida perdón a todas las mujeres que sufren en África. El Secretario de Organización del PSOE ha rodeado sus declaraciones de ese halo de solemnidad y dramatismo que sólo él saber dar a las ruedas de prensa, convirtiendo hasta los discursos más vacíos en emotivas escenas para acompañar con palomitas de maíz. Rollo ZP y asesores de imagen, ya saben. Zaplana, por su parte, con gesto contrariado y cabizbajo volvió a dar explicaciones a sus palabras de ayer. Las diputadas populares lo arroparon cariñosamente como hacen —a veces- los del Madrid cuando Ronaldo falla un penalti en el último minuto. En fin. Volvamos por un instante al mundo real. Las palabras que Zaplana le dedicó ayer a De la Vega son probablemente lo más suave que se le ha dicho desde el PP en lo que va de año. El numerito de las diputadas logró desviar la atención del verdadero tema de debate en el Congreso. Este país se está volviendo tan extraño, que resulta infinitamente más grave y doloroso que te acusen de machista que de haber invadido Irak. Al margen de que las acusaciones tengan o no fundamento. Probablemente, Federico Trillo, otro político con alma de poeta, también tuvo que aguantar algún comentario burlesco cuando, siendo Ministro de Defensa, salió en el telediario bailando sevillanas al ritmo de las canciones de Siempre Así. La única diferencia es que éste tenía acompañamiento “por la izquierda” en aquellos bailes. Está claro que en unos y otros, cuando menos te lo esperas, aflora el artista que llevan dentro: unos para el humor, otros para el baile, otros para interpretar con solemnidad y otros para disfrazarse de lo que sea. Pero siendo rigurosos, nos importa bastante poco la manera y el momento en que decidan perder la dignidad nuestros políticos. Ayer, como tantas otras veces, lo que nos interesaba era el tema de debate y no la discusión sobre si la Vicepresidenta se presentará o no a la próxima edición de “Mira Quien Baila”. Sin ánimo de ofender, pero nunca creí que utilizaría a Labordeta como ejemplo de nada. Pero las cosas son como son. Es de los pocos políticos que ha entendido que lo mejor es la separación: tenemos al Labordeta cantante y al Labordeta del Congreso. Dos papeles perfectamente diferenciados, aunque haya un mismo telón de fondo. Tal vez debamos intentar que cunda el ejemplo de Labordeta. Estoy convencido de que la Ministra de Cultura, por ejemplo, estaría encantada de liderar un grupo de heavy metal. Algo como Metallica, que es lo que le mola. En general, varios diputados deberían forman un conjunto musical, otros dedicarse a la interpretación cinematográfica, otros a los monólogos y otros a la pasarela. Pero que lo hagan en sus ratos libres. Así, en el Congreso, Sus Señorías, se dejarían de tonterías.