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Precios e hipotecas

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todos sabemos, empíricamente y sobre nuestra propia economía, que lo que la inflación se lleva no vuelve nunca más y el poder de compra se pierde irremisiblemente.

Los precios siguen su continuado ascenso y parece que no será en marzo cuando comiencen a declinar. El índice adelantado de precios se ha colocado en 4,6%, ya alejado más del doble de lo previsto para el conjunto del año. Se dice con frecuencia que la inflación es un impuesto general y lineal y que por ello afecta más a las rentas más bajas. No deja de ser cierto. Al mismo tiempo, el euríbor se ha colocado en el 4,73%, muy poquito más por encima de nuestro índice de precios. Esto, teóricamente, supone que en España el coste del dinero está prácticamente a un tipo 0,13 puntos superior a la inflación, o sea, casi gratis. La situación se repite respecto a hace un par de años cuando el coste del dinero estaba incluso por debajo de la inflación, aunque ahora con una connotación peor puesto que tanto la inflación como el dinero están, grosso modo, por el doble de entonces. Si las rentas recuperaran su nivel adquisitivo, la situación sería hasta ventajosa. Pero todos sabemos, empíricamente y sobre nuestra propia economía, que lo que la inflación se lleva no vuelve nunca más y el poder de compra se pierde irremisiblemente. El Gobierno, en funciones, no hace nada al respecto. Se anuncian medidas que unos califican de choque y otros se limitan a decir que serán las convenientes para la situación. Justifica, eso sí, la ascensión de los precios en razones exógenas a nuestra economía, como la subida permanente del precio del petróleo y, por ende, del gas. Sólo en parte tiene razón. Pagamos un petróleo caro, pero no hemos hecho prácticamente nada por racionalizar su consumo y reducir la dependencia. Y con recomendaciones de apagar la luz o poner la lavadora por la noche no basta.

Este imput de nuestra economía se extiende por todo el aparato productivo, además de por el consumo doméstico. La energía es cara, pero con la estructura de producción española, seguirá siendo cara. El maximalismo del presidente del Gobierno respecto de su posición antinuclear, ignorando, por ejemplo, el reciente acuerdo entre Gordon Brown y Nicolas Sarkozy, es una de las razones que influyen en nuestra inflación. Pero él no lo sabe y ninguno de los postulantes de esta hora a un Ministerio se lo va a decir tan crudamente.