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En Internet, están disponibles los mejores profesores universitarios, gratis y además para todo el mundo.

Un artículo de...

Francisco Rubira
Francisco Rubira

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En el ámbito universitario, la herramienta estrella son los MOOCS (cursos en abierto a través de Internet), son cursos sobre temas muy variados a los que pueden acceder alumnos desde cualquier punto del mundo, sólo se necesita un acceso a Internet.

Durante el pasado año se han dado a conocer masivamente, gracias a los acuerdos firmados por algunas de las universidades más importantes del mundo, sobre todo americanas, para ofrecer formación a precios muy bajos o gratuitamente a través de algunas plataformas como Coursera, https://www.coursera.org, con más de 33 Universidades y más de 200 cursos de todas las ramas, EdX, https://www.edx.org o Udacity, http://www.udacity.com/, estas dos últimas con pocos cursos y centrados en las tecnologías y las ciencias. Cabe destacar que la mayoría de los cursos son de Ciencias, mientras que las humanidades no tienen prácticamente presencia.

También en España el fenómeno MOOCS se está desarrollando, la UNED, la Universidad Nacional de Educación a Distancia, http://www.uned.es ha lanzado su canal UNED Abierta con el programa COMA (Cursos Online Masivos y Abiertos), para atender esta nueva demanda.

Coursera afirma que se han matriculado 2.000.000 de alumnos. A través de Edx, 40.000 alumnos se matricularon en un curso de sociología y en Udacity 160.000 alumnos de 190 nacionalidades distintas se matricularon en un curso de Inteligencia artificial.

Son cifras altísimas para la comunidad universitaria, es por ello por lo que este fenómeno está sorprendiendo a políticos, rectores y profesores. Los cuales llevan afirmando hace años que la educación superior no puede ni sabe evolucionar. Parece que se equivocan.

España es el segundo país del mundo en oferta académica no presencial a través de Internet. Superando a países como Estados Unidos e incluso países con mayores tasas de penetración de Internet como Suecia o Finlandia. De cada 10 cursos que se imparten en España, 4 se realizan a través de internet.

Los MOOCS son la respuesta a la crisis universitaria: eliminarán las desigualdades por razones económicas y los problemas de deuda, al tiempo que permitirán a cualquier universitario del mundo recibir instrucción de los mejores profesores, independientemente de dónde viva. A simple vista, todo son ventajas. Sin embargo, también suscitan escepticismo, sobre todo entre los profesores y los directivos de las universidades.

¿Cuál es el modelo de Negocio?

La mayor parte de los MOOCS ofrecidos por las principales plataformas son gratuitos. Esto plantea un problema de financiación que puede abordarse de varias formas. En primer lugar, podrían financiarse con dinero público, pero esto es poco probable por la alta tasa de abandonos, alrededor del 90%.

Otra opción es empezar a cobrar por ellos, algo que ya han anunciado, aun en fecha por definir, los creadores de algunas de estas plataformas –se ha barajado la alternativa de que el dinero se pueda recuperar si se obtienen buenas calificaciones, tal y como sucede en la universidad tradicional con las matrículas de honor–.

Otra forma de obtener ingresos es la publicidad: empresas como Google o Microsoft ya están esponsorizando algunos cursos de los que más tarde podrían reclutar trabajadores, como programación de gráficos en 3D o desarrollo de aplicaciones para Android. En este mismo sentido, Udacity ya ha puesto en marcha un sistema por el que ofrece los currículos de sus estudiantes a empresas que estén buscando un perfil concreto de empleado. A cambio, estas pagan una tasa a Udacity si contratan a alguien a través de este servicio.

¿Cómo se evalúa a distancia?

Además del aspecto económico, los MOOCS se enfrentan a otros problemas prácticos. Uno de los más importantes es la evaluación: ¿cómo asegurar a distancia que quien realiza el examen es el mismo que ha seguido el curso?, ¿o que quien lo ha seguido es el mismo que dice haberlo hecho y que recibirá el certificado? Un problema adicional relacionado con la distancia es que el profesor, si quiere hacer un seguimiento personalizado, la gran ventaja de los MOOCS según sus defensores, tiene que estar atento a las evoluciones de alumnos repartidos en distintos husos horarios, que se conectan cuando quieren o pueden. Nada que ver con dar la clase y examinar a todos los alumnos en un sitio y a una hora.

Otro obstáculo es el reconocimiento oficial de los cursos. Hasta ahora, al terminar uno de ellos, el alumno recibe un certificado con el respaldo de la universidad a la que pertenezca el profesor, pero sin equivalencia oficial en créditos. El American Council of Education, propone que estos cursos puedan servir para obtener un grado tan oficial como el de las universidades tradicionales.

¿Los alumnos interactúan entre si? ¿y con el profesor?

Los MOOCS eliminan el aspecto “presencial” del aprendizaje. Hay que destacar la importancia del vínculo que se crea cuando “un grupo de estudiantes interesados en una materia comparten aula con un profesor apasionado”. No obstante, la intensidad del vínculo no solo depende de poder verse las caras, sino también del número de estudiantes. La diferencia entre estos y aquellos es precisamente la masificación del alumnado. Según los autores, un curso on-line no debería sobrepasar los 50 estudiantes, y eso contando con que el diseño permita la interacción del profesor con cada alumno.

¿Se aprende más?

Sus defensores destacan algunas ventajas competitivas. Una es que liberan al profesor de los primeros pasos en la enseñanza, los puramente informativos (la información está en Internet), y así puede centrarse en la discusión de problemas prácticos, el debate y la síntesis. Es en esta segunda etapa donde reside el valor distintivo del profesor, y los cursos on-line potencian este valor.

Otra ventaja es que son mucho más asequibles para personas que estén aprendiendo el idioma, porque pueden repasar los contenidos las veces que quieran. Por otro lado, como suelen ofrecer test cada pocas lecciones, el alumno conoce mejor sus lagunas. Si el profesor tuviera acceso a esos resultados, y tiempo para analizarlos, podría hacer un diagnóstico más preciso de las necesidades de cada estudiante. La interactividad sería completa, algo que no es fácil en los cursos masificados.

¿Cómo afectará esto a las Universidades?

Los MOOCS, son más complementos que sustitutivos de la enseñanza convencional, podrían convertirse en el medio plazo en un factor desestabilizador para la representatividad y rentabilidad de las universidades.

Entre estas posibles víctimas se encontrarían igualmente las clásicas de educación a distancia o por correspondencia, de hace casi un siglo, en países como EEUU o cualquiera de los de la EU-27 y que ahora en el Reino Unido han tomado conciencia de esta imperativa readaptación tecnológica.

Hay quien afirma que los MOOCS supondrán la desaparición de la Universidad, no obstante, los Catedráticos, la investigación, la presencia física no puede ser sustituida.

Parece razonable afirmar que los MOOCS representan, hoy en día, más una popularización de la formación superior que una desaparición de la Universidad como la entendemos hoy en día.

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