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Programando TV

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Como si de un chef  de cocina se tratase, el programador de televisión  debe combinar los ingredientes a su disposición para elaborar el menú más apetitoso posible. Del mismo modo que el chef no se limitará a añadir alimentos de forma aleatoria a una cazuela, la función del programador no consiste en rellenar las 24 horas de programación de cualquier forma, sino que diseñará una parrilla dotada de unidad y coherencia internas. Con fundamento, como diría Arguiñano.

 

Ese fundamento es el que precisamente han perdido y no encuentran los responsables de TVE 1. Desde la primavera de 2004 –en mayo cedió el liderato-, la cadena pública ha ido disminuyendo su audiencia por descuidar franjas tan importantes como el prime time. El mes pasado se tuvo que conformar con un mínimo histórico, 19,1%. La principal beneficiaria de esta pérdida de cuota de pantalla ha sido Antena 3, que ha visto incrementar su share gracias al trasvase de audiencia de Prado del Rey a San Sebastián de los Reyes.

 

Un principio básico del mundo de la programación es “si algo funciona, no lo toques”. Tele 5 lo cumple “al pie de la letra” y apuesta por la continuidad de aquellos programas que, temporada tras temporada, no sólo siguen dándole buenos resultados sino que consolidan su audiencia –este es el caso de espacios como Aquí hay tomate o la serie El Comisario-.

 

Se ha instalado así un espíritu conservador en los departamentos de programación,  dando lugar a una homogeneización de las parrillas como consecuencia de un fenómeno de mímesis de los formatos más exitosos –razón de la proliferación de docu-shows y de los mal llamados programas “del corazón”-. Esta tendencia a imitar al adversario va precisamente en contra de una de las reglas básicas del arte de programar: lograr diferenciarse de la competencia en la oferta programática, especialmente en la franja de máxima audiencia.

 

La cadena que más programas nuevos lanzó durante el año pasado fue Antena 3 en un intento constante de hacer más competitivo su prime time, aunque no siempre logró su propósito, apostando por fracasos tan sonados como El castillo de las mentes prodigiosas. La cadena de Planeta, por mucho que lo intenta, no logra alcanzar con sus realities el éxito de los de Tele 5. La Granja 2 (A3) y La casa de tu vida 2 (T5) atacan de nuevo a la vuelta de la Semana Santa.

 

Es en el prime time donde las emisoras sacan a relucir sus mejores “galas”, sus armas más potentes, una distinta cada noche en un esquema de programación vertical. No en vano es el tramo en el que se concentra el mayor número de telespectadores y, por tanto, el que tiene mayor valor publicitario. Además, liderar varios días a la semana esta franja forja una imagen de ganador y contribuye a generar fidelidad en la audiencia, uno de los objetivos más anhelados por los programadores.

 

Otros requisitos que debe cumplir este tramo, y en general de toda la parrilla, son claridad y estabilidad. El programador debe procurar que el público sepa qué emite a cada hora el canal. Favorecer el recuerdo es crucial para lograr la fidelización.

 

Apostar por el directo y por la producción propia, ya sea interna –con medios propios- o externa –en asociación con una productora-, son dos decisiones que otorgan un valor adicional a la imagen de la cadena y a su oferta televisiva.

 

Muchos de estos principios parecen haber sido olvidados por los programadores de TVE. Para empezar, son líderes en contraprogramación, según publicaba tan sólo hace unos días el diario El Mundo. Modificar de forma repentina la programación sin previo aviso, como ya hemos comentado, perjudica al recuerdo y, por tanto, al mantenimiento de una audiencia fiel. En segundo lugar, ha disminuido sus horas de directo, especialmente en la sobremesa y la tarde, apostando por culebrones y la reposición de la serie Cuéntame cómo pasó – con pobres resultados que oscilan entre un 13 y un 16% de share-. Y por último, no logra que funcione ninguno de sus grandes estrenos.

 

El pasado domingo fue retirada La azotea de Wyoming en su novena entrega, programa que tras haber sido recolocado un par de veces en la parrilla, no ha conseguido levantar sus catastróficos datos de audiencia –obtener en miércoles un grandioso 6% no está nada mal, tiene su mérito-.

 

Cautivar y fidelizar al público no es una tarea fácil. Los programadores tienen que hacer todo tipo de peripecias para evitar que los telespectadores cambien de canal durante la transición de un programa a otro y en los cortes publicitarios.

 

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