Sábado 01/10/2016. Actualizado 01:32h

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Tribuna libre

“Progresa” adecuadamente

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Al Gobierno de Zapatero no podemos calificarlo, ciertamente, de prolífico en la toma de medidas, pero sí hemos de reconocer que se guía por un mínimo e irrefragable orden de prioridades. Antes la fuerza de la razón —no la de Fallaci, lagarto, lagarto— que el feroz oscurantismo. Antes la alianza de civilizaciones que el mantenimiento de obsoletas y arriesgadas primacías. Antes la luz que las tinieblas y el progreso que la reacción. ¿Quién podrá discutir o, peor aún, oponerse a una declaración de intenciones tan benévola?

 

Pues nadie en su sano juicio. Y siendo esto así, hay que inculcárselo a los muchachuelos y a las muchachuelas para que no se extravíen por el mal camino de la intolerancia. Según parece, y siempre al albur de que las ministras San Segundo o Fernández de la Vega se pronuncien en contrario, el Gobierno tiene pensado introducir una nueva asignatura que se llame “Educación para la Ciudadanía”. Ahora entendemos que la materia de Religión confesional deje de ser evaluable. Es claro, hay que eximir a la juventud de perder el tiempo en futilidades para que pueda dedicarlo a tareas más formativas.

 

Trátese de una asignatura propiamente dicha o de aliño para varias de las ya existentes, que aún no se sabe, con el concepto de esfuerzo que introdujo en la LOGSE el anterior equipo socialista podemos hacernos a la idea de que constituirá una maría en cualquier caso. Por otra parte, se entiende que sea obligatoria y computable: si se busca una afluencia masiva de alumnado, mejor imponerla y no arriesgarse a la decepción. Lo digo porque a una materia con tanto tufillo a doctrina seráfica podría ocurrirle como al Fórum de Barcelona, que acaba de clausurarse con dos millones de visitas menos de las esperadas.

 

Y luego está la cuestión de los contenidos. No puede negarse que es tentador hasta lo irresistible detentar —y digo bien: detentar— la formulación y el sesgo de una asignatura llamada “Educación para la Ciudadanía”. Tan tentador o más que hacer lo propio con RTVE. Y puesto que los chavales pasan largo rato en el colegio y otro tanto viendo la televisión —según las estadísticas, 218 minutos diarios, en alguno de los cuales se toparán con los informativos de la pública—, pues creo yo que algo, algo de lo que es de verdad la democracia sí se les irá quedando.

 

Como nunca falta el listillo de la clase, puede ocurrir que algún alumno muestre al profesor su extrañeza al enterarse, vamos a poner por caso, de que ciertos miembros del partido inspirador de la nueva asignatura incitaron a asediar las sedes del partido rival en una jornada de reflexión: “Profe, profe, ¿eso es también un ejemplo de cómo debemos practicar la ciudadanía y los valores democráticos?”. Y el profe, sin saber muy bien qué contestar, piensa que Fulanito no progresa adecuadamente. Es que Fulanito no “progresa” en absoluto, vaya.

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