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Tribuna libre

Prostitución musical

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Ahora resulta que se organiza un revuelo mundial al enterarnos –“por la prensa”- de que Sony-BMG hace trampas con las listas de éxitos. O las hacen las cadenas de radio al dejarse sobornar. Todo depende de cómo se mire. Y yo voy a mirarlo desde lejos, que es desde donde mejor se contemplan estas cuestiones.

 

Sony-BMG hace trampas en América al pagar a varios emisarios para que catapulten al éxito a artistas, como Jennifer López o Beyoncé, en determinadas emisoras de radio. Eso es lo que dice, al menos, la investigación del temido fiscal Eliot Spitzer.

 

Para la investigación, el fiscal ha revisado correos electrónicos de dirigentes de la compañía y periodistas musicales. Tras aceptar el soborno, un gerente de una emisora musical comentó a un ejecutivo de Sony: “Soy una puta esta semana, ¿qué puedo decir?”.

 

Aunque Sony-BMG ya ha reconocido que algunos de sus empleados son los responsables de estas artimañas y ya ha logrado un acuerdo extrajudicial para cerrar la investigación, el fiscal cierne ahora sus pesquisas -tipo Sherlock Holmes- sobre el resto de las multinacionales de la música. Universal Music Group, EMI Group y Warner Music Group están temblando de miedo.

 

En el fondo la investigación confirma algo que todos pensamos desde siempre: que la mayoría de las listas de éxitos se mueven por criterios comerciales dejando al margen la parte artística. Si no fuese así, ¿quién podría explicarnos por qué son Eminem, Britney Spears, Jennifer Lopez y Beyoncé algunos de “los mejores grupos y artistas” internacionales del momento?

 

En un original reportaje publicado por Los Ángeles Times, anónimos directivos de las principales multinacionales de la música, opinaron libremente sobre las estrellas de sus respectivos catálogos. Creen que talentos como 50 Cent, Beyoncé, Outkast o Britney Spears son pasajeros. Las circunstancias de sus vidas, su ambición y –a veces- su reducida calidad musical agotarán sus minas de oro en poco tiempo.

 

Creen que la incursión en el cine de gente como Justin Timberlake puede precipitar al vacío su carrera musical. Y en otros casos, piensan que muchos artistas han visto pasar ya el tren del éxito. Lo dice muy claro uno de estos magnates de la música internacional al hablar sobre Eminem: “Siento que su momento ha venido y se ha ido".

 

Las dificultades no son pocas en el mundo discográfico de alto nivel: los artistas no confían en sus discográficas, las discográficas  exprimen a sus estrellas en el menor plazo de tiempo posible, la piratería se merienda una parte importante de los ingresos y ahora, como colofón, un fiscal descubre la cuestión de los sobornos que, aparentemente, son el día a día del negocio musical.

 

Sería fantástico trasladar las investigaciones de Eliot Spitzer y el reportaje de Los Ángeles Times a España. Fuentes de más de una discográfica me han insinuado más de una vez que hay una especie de doble catálogo de artistas: el de los que aportan ingresos y el de los buenos.

 

Debería un fiscal a la española entrar –“a lo GEO”- en las discográficas y en determinadas emisoras de radio y sacar a la luz las verdaderas razones de algunas insostenibles listas de éxitos. A lo peor, nos llevamos una sorpresa y no hay ninguna clase de soborno. A lo peor, no circulan jamones y maletines. A lo peor, nuestro problema es simplemente que tenemos mal gusto.

 

Pero lo cierto es que varios críticos ya no emiten sus comentarios con criterios artísticos, sino gastronómicos, tras recibir invitaciones a cenas de lujo. Y los críticos que continúan siéndolo están sometidos a fuertes presiones.

 

Buena muestra de ello es la información que publicaba ECD el pasado 21 de julio: “Gestmusic logra que un juez de Barcelona paralice cautelarmente la publicación de un libro crítico con Operación Triunfo”. Finalmente, el proceso va por buen camino y parece que el libro verá la luz próximamente. Pero esta maniobra de presión, a favor de la censura, da muestras de que en España también caminamos sin retorno hacia la era de la prostitución musical. En fin, “¿Qué puedo