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Publicidad y sentido del humor

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Estoy a favor del derecho que tiene todo consumidor de hacer boicot o lo que quiera cuando sienta que una campaña ataca frontalmente sus valores

El viernes pasado tuvo lugar en Valencia el llamado Día C. Se trata de un evento en el que se reúnen cada año los creativos publicitarios de nuestro país para debatir sobre un tema. Este año el debate se ha centrado en el tema: “¿Hemos perdido el sentido del humor?”.   Me parece un acierto la elección. Muchos de los profesionales de este sector no están de acuerdo en que se demonice la actividad publicitaria como causante de todos los males de nuestra sociedad. Comprensible. Sobre todo si las teles no paran de servir en bandeja toneladas de violencia y sexo.   Por ejemplo, es hipócrita que una asociación de cazadores pida airadamente la retirada de un spot de Renault. ¿El motivo? Se sentían ofendidos porque en el anuncio se veía cómo una familia ‘salvaba’ a un cervatillo del punto de mira de un cazador. En otra ocasión, el Comité Español de Representantes de Minusválidos (Cermi) logró la retirada de un anuncio de Amena en el que aparecían unos enanos que caían del cielo y se ponían a bailar sin parar en el momento en que tocaban el suelo. Recuerdo que otra asociación pidió a las teles que dejaran de emitir un spot de Mitsubishi en el que un empresario rajaba las ruedas del coche de su jefe (siempre en clave irónica).   Estoy a favor del derecho que tiene todo consumidor de hacer boicot o lo que quiera cuando sienta que una campaña ataca frontalmente sus valores (religiosos, etc). De hecho, creo que cuando en el mundillo publicitario se debate sobre este asunto se acude a lugares comunes como la censura o la autocensura. Para los creativos este es el “quid” de la cuestión. La censura es vista como un mal endémico cada vez más presente y con peor curación.   Me da la impresión de que todavía pulula por muchas neuronas la tendencia a pensar que cualquier freno a la creatividad, a las ideas, (sean buenas o malas) es sinónimo de censura o autocensura. No estoy de acuerdo. Creo que en publicidad –como en psiquiatría o en cualquier otra profesión- no vale todo. Estoy con los que defienden la creatividad inteligente, ingeniosa… Con los que buscan caminos creativos nuevos. Con los que son capaces de hacer spots con un humor inteligente. Por que no siempre uno va acompañado de lo otro.   Conozco a la gran mayoría de los grandes directores creativos de este país y les puedo asegurar que en general son gente cultivada y con un gran sentido común. Cuando uno acude a los festivales publicitarios y ve que cada vez hay una mayor autocrítica es un síntoma de salud. Y esto no se les puede echar en cara. Saben con lo que están ‘jugando’. Y lo que se juegan.

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