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Puede que la Academia esté de más

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Si el idioma se crea, se fija y se le da esplendor a base de lo que diga la calle, empiezan a sobrar instituciones, pese a Felipe V.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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La ceremonia fue solemne con la presencia de los Reyes y la presentación del flamante diccionario de la Academia (espero que flamante siga significando algo así como ‘nuevo, reciente’) del que se sentía orgullosísimo el Director de la docta casa.

Nos explican que hay palabras nuevas y palabras a las que se ha jubilado. Y todo ello basado en el uso o en el desuso popular.

O sea, que una palabra cualquiera -se escriba como se escriba y signifique lo que signifique- si se usa habitualmente en lenguaje callejero (es decir, de la calle) se incluye en el diccionario, se supone previo un estudio más o menos sociológico. Y otra palabra que apenas se escucha en los mentideros (igual ha desaparecido la palabra mentidero), desaparece del diccionario.

Todo ello quiere decir que es la calle, el pueblo fiel, el que hace y deshace el idioma; porque como dicen nuestros académicos, el idioma es algo vivo y las palabras son ingobernables.

Y eso está muy bien, porque en democracia, podamos o no podamos,  lo que dice la calle ‘va a misa’ (suponiendo que la frase ‘va a misa’ siga significando lo que siempre ha significado).

Se podría decir aquello de que ‘si Quevedo levantara la cabeza…’, por mencionar al más transgresor e iconoclasta del idioma entre nuestros clásicos. Pero es que hay que estar con los vientos modernos.

Lo que pasa con todo este trasiego de palabras y con este estar a lo que diga el vulgo, que para eso paga y hay que darle gusto, es que a algún malandrín (¿significa lo mismo que antes?) se le ocurra pensar que la Academia está de más.

Y está de más porque ahora simplemente con que un papichulo que se lo quiera pasar chupi, haga un cameo en alguna serie de televisión, sin necesidad de que se le vaya la olla, y a través de un tuit y con un simple pantallazo, y mientras se toma una birra, entronice alguna palabra (¿o palabro?), ya tendremos confeccionado el diccionario.

Porque de lo que se trata es de que el idioma siga siendo una cosa viva aunque se nos esté muriendo y haya que medicalizarlo.

“Somos
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