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El Real Madrid, ahora y aquí

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Se fue Camacho, llegó García Remón y poco o nada, se ha arreglado. El Madrid se arrastra fuera de casa y en el Bernabéu vive de las genialidades de sus genios, que los tiene.

 

Se equivocó Florentino Pérez y se equivocó, una vez más en el Madrid, Camacho. La huida  -porque es una huida- se produjo por segunda vez. Se puede disfrazar de honradez, de sinceridad e incluso se puede adornar con el boicot de los jugadores, pero fue una huida en toda regla, en vísperas de un partido muy comprometido como el que se jugó contra Osasuna. Camacho huyó y como el Cid, protagonizó un partido despues de "muerto".

 

Su espectro vagaba por el césped cuando se pitaba a Roberto Carlos o se abucheaban los fallos de Ronaldo. Ese ha sido el único triunfo de Camacho en Chamartín, como entrenador de los blancos. Consiguió poner al equipo a los pies de los caballos y  logró lo que hacía mucho que no se veía, el ambiente más hostil que se recuerda contra el Madrid en su feudo de la Castellana.

 

Se equivocó Florentino Pérez y se equivocó Camacho. Camacho no es entrenador para este Madrid aquí y ahora. Al fútbol se juega corriendo y en movimiento, pero correr no es jugar al fútbol y el Madrid actual tiene jugadores de fútbol y no corredores. Si el fútbol consistiera en correr serían figuras El Gerrouj Mariano Haro o cualquiera de los medallistas de atletismo de los recientes Juegos Olímpicos de Atenas.

 

Lo que ocurre es que a esas figuras hay que ilusionarlas y no abroncarlas, motivarles y no gritarles y sobre todo no poner en duda en público su profesionalidad y la forma que tienen de ejercer su profesión en la que llevan años siendo los mejores del mundo. El Madrid no fichó a Ronaldo para robar balones,  o a Figo para marcar a contrarios; Zidane está para hacer filigranas y asombrar con ellas a los públicos y Raúl es algo más en el fútbol que un luchador.

 

El Roberto Carlos de hace 6 temporadas no puede ser el mismo que ahora y Beckham está para lo que está y no para dejarse la piel en el centro del campo. Todo lo demás es demagogia pura. Lo que cobran, lo que trabajan, lo que entrenan, o lo que salen en las revistas del corazón es lo mismo que trabajaban, entrenaban o salían en la prensa rosa hace dos temporadas cuando ganaban la Copa de Europa o cuando eran los mejores en sus respectivas selecciones.

 

Camacho ha huido de sí mismo, de su propia forma de ver el fútbol; de su concepción del balompié ruda y sin imaginación, gurrumina y cobardona, conservadora y antigua y de su estilo personal capaz de enojar a unos profesionales mimados por la fama y el dinero, difíciles de dirigir, caprichosos y poco dados al sacrificio, pero moldeables si se sabe hacer.

 

Del Bosque -es sólo un ejemplo-  lo sabía hacer. Ha huido y ha conseguido "echarle el muerto" a esos millonarios caprichosos y poco trabajadores. Les ha colgado el "San Benito" de su inexistente carrera de entrenador. Es un mito blanco forjado a base de pundonor en el campo, de darlo todo en su banda izquierda y de gritar en el banquillo como entrenador. Poco más. Y así es muy difícil dirigir a un grupo de divos cargados de dinero y de abulia profesional.

 

Esa es la plantilla que tiene el Madrid. Los mejores del mundo a pesar de que para muchos los años no pasan en balde, con sus virtudes y sus defectos. Precisamente lo que tiene que hacer un entrenador es tapar sus defectos y aprovechar sus virtudes. Camacho hizo todo lo contrario y después vino el "ahí queda eso".

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