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Tribuna libre

Receta para el fracaso

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La creación de estas nuevas estructuras “para la defensa” resulta sorprendente, pues en Cuba sobran instituciones castrenses.

En un marco de represión generalizada contra los cubanos que durante años han trabajado en el mercado emergente, se ha creado un clima de miedo en todo el país. Si antes de los huracanes pululaban las personas proponiendo productos, fundamentalmente agrícolas, luego por arte de magia han desaparecido. Hasta los viejitos, vendedores de sus cigarros racionados y periódicos para aligerar la precaria situación económica, se han esfumado.

Únicamente pueden hallarse mercados agropecuarios estatales cerrados, y los abiertos tienen ofertas extremadamente reducidas, con largas colas de personas esperando la llegada de algún producto. Además, cuando pueden comprar, sólo tienen acceso a cantidades limitadas, por ejemplo 5 libras de frijoles, 10 libras de tubérculos o 10 cabezas de ajo. Incluso el pan, en venta libre desde hace tiempo a 10 pesos 460 gramos, ahora sólo pueden adquirirse 3 ó 4 piezas, y en ocasiones se ven largas colas para acceder a este vital alimento.

La situación en determinados aspectos se torna crecientemente parecida a los momentos más álgidos del Período Especial de comienzos de los años 1990, en un clima de incertidumbre y miedo. Paralelamente al ambiente represivo, por el chequeo constante a las personas que salen con paquetes o bolsas y los juicios sumarios a quienes son acusados de traficar con productos, como pueden ser 30 huevos de gallina o un par de litros de leche, se ha anunciado la creación de nuevas formaciones paramilitares para cumplir misiones de ¨aseguramiento combativo, logístico y técnico, así como para el cumplimiento de medidas de defensa civil¨, según una Resolución del Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias publicada en la Gaceta Oficial. Son agrupaciones subordinadas a las Milicias de Tropas Territoriales (MTT). 

La creación de estas nuevas estructuras “para la defensa” resulta sorprendente, pues en Cuba sobran instituciones castrenses, que van desde el Ejército, amplios organismos represivos en las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, encabezados por la policía política, una vasta red de Defensa Civil y las MTT, hasta los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) en cada cuadra; sin soslayar las Brigadas de Respuesta Rápida, siempre dispuestas a denunciar y golpear a los ciudadanos que reclamen sus derechos.  

Cuando existen reales posibilidades de que el 4 de noviembre triunfen las fuerzas políticas en Estados Unidos, que se ha pronunciado partidarias de la diplomacia y el diálogo, incluso con el gobierno de Cuba, resulta un contrasentido crear ese innecesario cuerpo paramilitar que duplica las estructuras represivas y eleva aún más los enormes gastos ya existentes en materia de orden interior. Esa decisión además se contradice con los tres pronunciamientos de Raúl Castro desde que asumiera el poder en julio de 2006, de estar dispuesto a realizar conversaciones con las nuevas autoridades surgidas de ese proceso electoral.

El único sentido que pudiera encontrarse a esa incoherente medida, además de crear condiciones adicionales para acrecentar la represión interna ante el temor al surgimiento de convulsiones sociales, sería un gesto para boicotear las intenciones positivas de Barak Obama de propiciar mecanismos para la eventual mejora de las relaciones con Cuba. Esto encontraría explicación en el interés del sector más recalcitrante del gobierno, que necesita la confrontación con el supuesto enemigo estadounidense para mantenerse en el poder.

Por supuesto, esto va en contra de los intereses del pueblo cubano, que vive en condiciones muy difíciles, agravadas por el azote reciente de dos huracanes, lo que podría complicarse aún más a causa de los efectos negativos de la crisis financiera mundial, ya que Cuba carece de reservas para enfrentarla. 

Hoy, el mensaje del Apóstol José Martí al venerable Generalísimo Máximo Gómez, con todo respeto, pero al mismo tiempo con la mayor sinceridad, también podrían dirigirse al General Raúl Castro, pues el camino emprendido en las últimas semanas - cada vez más alejado de sus propuestas iniciales de gobierno- es una receta para el fracaso y el desastre.

La vía que necesita Cuba no es la fuerza, sino la cooperación entre todos los cubanos. Es la de la concertación para aunar esfuerzos, y reconstruir el país. Una senda que desde una posición digna y honorable permita iniciar el tránsito hacia el entendimiento con las nuevas autoridades de Estados Unidos, la Unión Europea y el resto del mundo.

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