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Reconocimiento a la AVT

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Las víctimas del terrorismo viven momentos de desconcierto y de enorme preocupación ante lo que se temen está negociando el Gobierno Zapatero con la banda terrorista ETA.

El pasado viernes tuvo lugar en el Palacio de Congresos de Madrid un sencillo pero emotivo acto para conmemorar las Bodas de Plata de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), entidad que agrupa en la actualidad a cerca de seis mil personas afectadas por la violencia terrorista en España.   Efectivamente, han pasado ya veinticinco años desde que Ana María Vidal-Abarca, con el corazón y el alma partida por el asesinato de su marido, Jesús Velasco, en Vitoria, empezó a poner los cimientos de lo que ahora es una realidad consolidada. Eran, aquellos, tiempos muy duros para las víctimas del terrorismo. Eran los “años de plomo”, en los que prácticamente nadie –ni las Instituciones, ni los medios de comunicación, ni la sociedad en general- se ocupaba de las víctimas.   Por eso es de estricta justicia recordar ahora, el trabajo desarrollado entonces y en años posteriores por Ana María Vidal Abarca junto a otras mujeres ejemplares como Sonsoles Álvarez de Toledo. Ambas, durantes bastantes años presidieron la AVT.   Las víctimas del terrorismo viven momentos de desconcierto y de enorme preocupación ante lo que se temen está siendo una negociación del Gobierno de Zapatero con la banda terrorista ETA. Antes del “alto el fuego permanente” anunciado por la banda terrorista el pasado 22 de marzo, la AVT protagonizó dos manifestaciones multitudinarias en Madrid –en junio de 2005 y en febrero de este año- que fueron secundadas por cientos de miles de ciudadanos. En ambas movilizaciones, el mensaje era claro: pedían al Gobierno que no negociaran, en su nombre, con ETA.   La citada declaración de “alto el fuego permanente”; los pasos que ha tenido que dar Zapatero para conseguirla y los movimientos y actitudes que se atisban en el Presidente, no tranquilizan nada, más bien todo lo contrario, a las víctimas del terrorismo.   Es lógico que las víctimas estén en ese estado, cuando ven, al igual que todos los ciudadanos, que en estos últimos meses, el brazo político de ETA, Batasuna, se ha convertido en el centro de la vida política; cuando hay que escuchar de labios del Presidente del Gobierno, que el líder de esa formación política, hay que recordar que ilegalizada, Arnaldo Otegui, es una persona que ha trabajado por la paz; cuando miembros del Partido Socialista de Euskadi se muestran partidarios de gobernar en un futuro junto a Batasuna.   Las víctimas sólo piden memoria, dignidad y justicia. Todo lo que sea primar de una manera o de otra, en un hipotético final del terrorismo, a quienes han asesinado o han apoyado a los que han asesinado, constituiría una grave afrenta a esa memoria, a esa dignidad y a esa justicia debida a las víctimas.   La AVT es una Asociación que es todo un ejemplo para los españoles de bien. A lo largo de estos veinticinco años de vida han desarrollado una labor espléndida en pro de las víctimas del terrorismo. Su actual Presidente, Francisco José Alcaraz –que perdió a un hermano de 17 años y a dos sobrinas gemelas de corta edad en el atentado de ETA contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza- ha mantenido en estos dos últimos años, desde una encomiable coherencia, una postura de dignidad y firmeza en defensa de las víctimas que es de justicia reconocer y agradecer. Y eso, a pesar de los diversos intentos del Gobierno de Zapatero por anular a la AVT e incluso intentar su estrangulamiento económico.   Los españoles siempre tendremos una enorme e impagable deuda de gratitud con las víctimas del terrorismo. Y muy especialmente con esta Asociación, la AVT, pionera en todo el mundo en la defensa de los que directamente han sufrido la barbarie terrorista. Gracias a todos los que en estos años han hecho posible la existencia de la AVT.