Jueves 08/12/2016. Actualizado 18:06h

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Tribuna libre

La visita de los Reyes a Ceuta y Melilla demuestra el arraigo popular de la institución

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En cada una de las banderas y de las adhesiones que recibieron Don Juan Carlos y Doña Sofía, subyacía el rechazo frontal de la gran mayoría de los españoles a los ataques al Rey y a la Corona.

Ha bastado una visita de dos días a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla para que las cosas quedaran en el sitio del que nunca debieron salir. Ahora –más que nunca- el ridículo de los anasagastisquemafotostontostricolores, es clamoroso.

No es fácil que los españoles olviden, en cuatro raquíticas manifestaciones, la trayectoria del Rey y su acrisolado proceder en el cumplimiento de sus obligaciones constitucionales. Esa es precisamente la muestra más clara de la españolidad de las dos ciudades que han visitado los Reyes: la identificación de la mayoría de los españoles con esas muestras de respeto y cariño. Ceutís y melillenses han representado a la perfección a una mayoría incontestable de ciudadanos que piensan y sienten igual que ellos sobre la Monarquía. Convendría que a los eruditos a la violeta y a los incendiarios vía blog no se les olvidara.

Sí las olvidará y no las escuchará, el ingenioso Joan Tardá que afirma en tono graciosillo que ‘este año se ha adelantado la cabalgata de los reyes en una visita colonialista y en una orgía nacionalista”. Estas declaraciones deben venir a cuento del ‘despego’ del que habla Montilla y de las pocas perras que recibe el señor Rosell del resto de España.

Y mientras, los políticos emplean la semana en lo que la emplean casi siempre: hacen videos, se insultan, se enzarzan en diatribas inútiles y se alejan cada vez más de la calle.

 Las encuestas que se manejan en los dos partidos mayoritarios –y que guardan con siete llaves- filtran que el prestigio de la clase política baja a ojos vistas, aunque la gente quiere ir a votar, y que el empate técnico sigue ahí, inamovible, en parte porque ninguno logra despegarse del otro a base de peleas y declaraciones destempladas.

El nuevoantiguo video del Partido Socialista puede dar a los españoles la talla de quienes pretenden dirigir la política también en los próximos cuatro años. De vergüenza ajena.

Y sin necesidad de videos, el ministro de Justicia hace ostentación de desconocer quién es José María Aznar porque, dice, “estoy en la política activa”. Al mismo tiempo, la vicepresidenta De La Vega, afirmaba sin ruborizarse que ‘Aznar utiliza a las víctimas del terrorismo para vender libros’. Tal cuál.

Matilde Fernández llama chulo al vicepresidente de Madrid en plena Asamblea y palabras como miserable, felonía, falaz, mentiroso, nazi, rojo o fascistas y ‘fachas’ –léase Odón Elorza- están habitualmente en el lenguaje de los hombres y mujeres que se dedican a la cosa pública.

La inflación se dispara y Pío García Escudero habla de socavón en la cesta de la compra, mientras Rodríguez Zapatero lo achaca al petróleo y a la oferta y la demanda. Es evidente que las dos tardes de clases de economía no han bastado.

Los italianos nos facturan rumanos, y Mohamed pateras a Melilla, y Suso de Toro nos coloca una biografía del presidente del Gobierno y uno no sabe qué es peor.

Y para desengrasar, aparece una Asociación para la Defensa de la Transición que protagonizan antiguos colaboradores de Suárez. Debe de ser algo así como una memoria histórica pero en más reciente.

Ya se sabe que todo esto es lo que de verdad interesa a los ciudadanos y no la subida de la leche que es cosa de la oferta y la demanda.

Por lo demás, las relaciones con Marruecos son excelentes. Rodríguez Zapatero triunfará en la Cumbre Iberoamericana de Chile, abrazado -aunque poco- a Evo y a Chávez, y monseñor Setién sigue lamentando amargamente el sufrimiento de los etarras, que debe ser algo parecido a lo mal que lo pasaron, y lo pasan sus víctimas.

Montilla sufre –no en silencio- el ‘despego de España’ y él -que es tan sensible- compara los problemas del Tribunal Constitucional con el 36 y el 23-F. Eso sí que es despego y no el de Joseba Azcárraga con aquello tan gráfico de: ‘ni un puñetero duro para mástiles’.

Aquí lo único serio es lo que dice Magdalena Álvarez: ‘Estoy transformando España’. Serio de verdad. Es una frase que se presta a todo tipo de risas, bromas y cuchufletas, pero a poco que uno se detenga y lea despacio, se pondrá serio, porque tener una ministra de Fomento que, con todo lo que está ocurriendo en su ámbito de competencias, diga semejante barbaridad es grave y desde luego, no para tomarlo a broma.

Y así hasta marzo. Como mínimo.