Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:21h

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Tribuna libre

Rodríguez Zapatero no lo ha podido evitar y la economía va a protagonizar la campaña electoral

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Era uno de sus principales objetivos, que la crisis económica, más que segura, no estallara antes del mes de marzo. Es evidente que no lo ha conseguido.

La política antiterrorista del Gobierno y la crisis económica eran los asuntos que más temía Rodríguez Zapatero como argumentos de la batalla electoral. En los dos, cada uno en sus circunstancias, la táctica del Gobierno era la de ganar tiempo y llegar a marzo sin profundizar demasiado.

El terrorismo es un tema delicado que casi siempre se convierte en un arma de dos filos para la oposición. Cualquier postura, gesto o declaración de Mariano Rajoy en materia antiterrorista tiene, como mínimo, una doble interpretación, y no es fácil para el líder del Partido Popular navegar por esas aguas.

La economía no, la economía deja a la oposición un amplio margen de movimientos y es seguro que lo va a aprovechar entre otras cosas porque la actuación del Gobierno deja mucho que desear y porque todo lo que se critique en esta materia y todas las lagunas que se pongan en el escaparate, son bien acogidas por los ciudadanos.

Y las lagunas que se vislumbran son muchas y serias. Se habla de una bolsa de 500.000 parados en el sector de la construcción. La desaceleración en la construcción es evidente (y que nadie olvide que es el sector ‘locomotora’ de nuestra economía). Si a eso le añadimos que de esos posibles medio millón de parados el más alto porcentaje corresponde a la inmigración, el problema está servido.

Las cifras de la inflación no dejan lugar a dudas y los más legos en economía no quieren ni oír hablar del 4,1 de la interanual, sino de las subidas de más del 20 por ciento de la carne, del aceite, de la leche o de las hipotecas que aplastan cualquier economía familiar.

Rodríguez Zapatero no ha podido evitar la oleada económica y las cifras se le van a ‘aparecer’ en cada uno de los mítines y van a protagonizar los debates.

Parece que va a haber debates. Parece que Rajoy ya no pone pegas a TVE. Parece que Rodríguez Zapatero quiere sacar a pasear a sus ministros menos desacertados y parece que Rajoy quiere que salgan los menos acertados. Lógico.

La realidad es que a ninguno de los dos les apetecen los debates. Es algo que les incomoda, en lo que no se sienten a gusto pero parece que ambos políticos van a ‘tragar’ y estarán presentes en encuentros –más o menos amanerados- en los que hablarán más de lo que les interesa a ellos que de lo que interesa a los ciudadanos. En cualquier caso no deja de ser triste que algo que es consustancial en cualquier campaña de cualquier país democrático, que algo que es de concurrencia habitual en eso que se llama países de nuestro entorno, en España sea una especie de parto del elefante.

El Congreso de los Diputados ha vuelto a rechazar la propuesta del Partido Popular para revocar la autorización al Gobierno para poder negociar con la ETA. En la actual composición de fuerzas parlamentarias decir Congreso de los Diputados es decir Partido Socialista. Así pues, el PSOE quiere seguir manteniendo esa autorización. Ellos sabrán por qué. Pero no pueden llamarse a engaño si hay voces que se alzan afirmando que si Rodríguez Zapatero gana las elecciones volverá a negociar con los terroristas.

Y se cierra la semana con dos clásicos: las polémicas entre Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre con la baronesa Thyssen de por medio, y Gaspar Llamazares con el dicterio nuestro de cada día. Ahora compara el ‘¿por qué no te callas’ del Rey en Chile con el proyecto de instalar una especie de Las Vegas en los Monegros.

Alguien debería hacer callar -en ciertas cosas- a Llamazares y alguien debería de explicar a la baronesa Thyssen que –museo aparte- Madrid no es suyo.

Y es que al final el problema de Hugo Chávez de exceso de palabrería no va a ser solo del presidente de Venezuela...

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