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Tribuna libre

Rosa Díez, “merece la pena”

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Es una persona honesta, honrada, no sectaria, defensora a ultranza de la libertad, respetuosa con quien no piensa como ella y coherente

Gracias al virus de la gripe tan frecuente en estas fechas, he podido leer el pasado fin de semana de un tirón el libro titulado “Merece la pena”, donde su autora, la ex dirigente del PSOE y principal impulsora de la nueva formación política, “Unión, Progreso y Democracia”, Rosa Díez, hace un conjunto de interesantes reflexiones al hilo de lo que ha sido su dedicación a la política desde que, como ella misma cuenta, siendo muy niña aprendió en su casa, gracias al ejemplo de su padre, la pasión por la defensa de ideas tan básicas y fundamentales como la libertad y la igualdad.

La lectura de este libro, que no son propiamente unas Memorias, porque a Rosa Díez le queda todavía mucha vida por delante, me ha reafirmado en la idea que desde hace tiempo tengo de su autora: una persona honesta, honrada, no sectaria, defensora a ultranza de la libertad, respetuosa con quien no piensa como ella y, por encima de todo, coherente, porque siempre ha defendido y pensado lo mismo en cuestiones tan esenciales como la defensa de la Constitución, del Estatuto de Autonomía, de la libertad en Euskadi, el modelo territorial de España o la igualdad de todos los ciudadanos vivan donde vivan. Rosa Díez no ha cambiado de pensamiento. Han sido otros en su ya ex –partido los que lo han hecho.

Enormemente crítica con los años que Zapatero lleva al frente del PSOE (2000) y del Gobierno (2004), quizás la parte más interesante del libro es la crítica de fondo que Rosa Díez hace tanto a la apuesta que en su momento realizó Felipe González por Zapatero como candidato a la secretaría general del PSOE, dejando tirado a Bono, como, sobre todo, su silencio posterior, su mirar para otro lado, ante las políticas llevadas a cabo por el actual inquilino de la Moncloa que entre otros efectos, sostiene Rosa Díez con razón, suponen una desautorización en la práctica, una rectificación de fondo de la importante aportación que el propio González y el PSOE hicieron tanto en la transición democrática como en los catorce años (1982-1996) que estuvieron al frente del Gobierno de España.

De esa crítica tampoco se libran, aunque Díez no los cite por sus nombres y apellidos, todos aquellos dirigentes del PSOE que estuvieron cerca de Felipe González, que ahora guardan silencio, pero que en conciencia no pueden estar de acuerdo con algunas de las políticas más erráticas de Zapatero como pueden ser la negociación política con ETA, las concesiones a los nacionalistas que tienen su punto álgido en el nuevo Estatuto de Cataluña, su afán por revisar el pasado a través de la Ley de Memoria Histórica y su desprecio hacia los valores de consenso y acuerdo que hicieron posible la transición política en España a la muerte de Franco. No los cita, pero están en la boca de todos: Alfonso Guerra, José Bono, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Paco Vázquez, José María Benegas…

Ante la campaña de acoso y derribo que ha venido sufriendo desde sus propias filas y que la autora relata con todo lujo de detalles –incluidas dos cartas a Zapatero denunciando los hechos y que su destinatario no se ha dignado a contestar- y ante lo que ella considera un traición del partido de toda su vida al programa electoral con el que se presentaron a las elecciones, Rosa Díez fue madurando la decisión de dejar la barca socialista, pero no la lucha por las ideas en las que ha creído y sigue creyendo.

Que haya tenido el coraje de dejar un partido en el que ha militado treinta años para lanzarse a la aventura de una nueva formación política, da una idea de que no estamos ante un político convencional, al uso. Rosa Díez ha tenido la coherencia y la valentía de quemar las naves, porque prefería poder dormir con la conciencia tranquila antes que seguir militando en un partido que, en su opinión y en la de muchos ciudadanos, ha estado en estos últimos cuatro años traicionando aspectos básicos del programa y de la razón de ser del Partido Socialista.

Rosa Díez encabeza la lista de su nuevo partido UyPD por Madrid. Necesita unos 100.000 votos para salir elegida diputada. Son muchos votos, pero puede alcanzarlos. Hacen falta, desde la izquierda, voces como las de ella en el Congreso. Voces inconformistas, que defiendan a capa y espada la libertad de todos los españoles, sobre todo de quienes todavía carecen de ella, es decir, los ciudadanos vascos no nacionalistas. Voces que sean incómodas para los actuales dirigentes del PSOE, que les recuerden que no se puede negociar con los terroristas; que les recuerden que los nacionalistas son insaciables y que cuanto más se les de, más exigirán, sin importarles absolutamente nada el conjunto de España.

Como estoy completamente seguro que seguirá defendiendo lo que ha creído y por lo que ha luchado toda su vida, personalmente deseo y espero que Rosa Díez sea a partir del 9 de marzo nueva diputada por Madrid. Su voz no resultará indiferente a nadie. Merecerá la pena oírla en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo.

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