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Tribuna libre

Sarkozy decide atacar por lo penal a un periodista y reabre el eterno debate de la privacidad

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La semana pasada, el semanario Nouvel Observateur publicó en su edición electrónica un breve artículo en el que evocaba un mensaje SMS enviado por Nicolas Sarkozy a su segunda mujer, Cécilia, una semana antes de casarse con Carla Bruni.

La semana pasada, el semanario Nouvel Observateur publicó en su edición electrónica un breve artículo en el que evocaba un mensaje SMS enviado por Nicolas Sarkozy a su segunda mujer, Cécilia, una semana antes de casarse con Carla Bruni, y que venía a decir algo así como “si vuelves, anulo todo”.

La decisión de Nicolas Sarkozy de denunciar por la vía de lo penal al autor del artículo por “falsedad, uso de documento falso y encubrimiento”, una infracción que puede ser castigada con tres años de prisión y 45.000 euros de multa, ha levantado una fuerte polémica, pero ha servido también para abrir un debate en profundidad sobre los límites de la información sobre la vida privada, y en este caso íntima, de las personalidades públicas.

Está claro que el mensaje, si fuera cierto, tiene un alto contenido informativo para el ciudadano sobre el carácter de la persona que le gobierna. Un hombre que escenifica los sentimientos hacia su mujer (entre otras secuencias, el día de la toma de posesión en el Elíseo hizo como si enjugara una lágrima inexistente sobre la mejilla de Cécilia Sarkozy, y durante la fiesta del 14 de julio, micrófono en mano, celebró ante los invitados la belleza de Cécilia), y que seis meses más tarde se ha divorciado y piensa unirse otra que acaba de conocer (Carla Bruni), afirmando que lo suyo “va en serio”, lo menos que despierta es cierta perplejidad por la versatilidad de sus sentimientos. Pero si en unas semanas decide casarse de nuevo, dando así una primera dama a Francia, y unos días antes de la ceremonia pide a la mujer anterior que regrese... entonces los franceses están en su derecho de saberlo e interrogarse sobre la estabilidad emotiva de quien gobierna el país.

El hecho de que Nicolas Sarkozy haya recurrido al derecho penal, y no al derecho que regula la prensa, para poner su denuncia es todo un símbolo.

Si hubiera puesto una denuncia por intromisión en su vida privada, dejaba la puerta abierta a que se pueda pensar que la información sobre el SMS es veraz, porque no la habría desmentido. Ahora corresponde a la acusación demostrar que la información del Nouvel Observateur es falsa. Y según el semanario, la policía ya ha puesto en marcha varias requisiciones para encontrar el presunto mensaje.

Jean Daniel, director del Nouvel Observateur, reconoce en su editorial de esta semana que han cometido un error, pero achaca la culpa a Nicolas Sarkozy “que ha hecho todo para arrastrarnos a su universo” y “no logramos sentir por él el respeto que tuvimos por los otros presidentes y el desprecio que sentíamos por aquellos colegas que los atacaban con bajeza”.