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La Semana: El circo del Congreso de los Diputados despliega todo su aparato y hace las delicias de grandes y pequeños

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Si el señor Duran i Lleida dice que el Congreso de los Diputados es un circo, no será La Semana quien le lleve la contraria. Un circo con todo. Muy completito.

Si el señor Duran i Lleida dice que el Congreso de los Diputados es un circo, no será La Semana quien le lleve la contraria. Un circo con todo. Muy completito.

 

Tiene su jefe de pista, que ordena imperativamente las entradas y las salidas de artistas e invitados, e incluso les dice cuándo deben recitar su papel y cuándo tienen que hacer mutis, que en esto el señor Marín es muy estricto.

 

Tiene sus payasos que hacen reír y que siempre sonríen con esas bocas pintadas aunque por dentro estén llorando. Y tiene sus augustos y augustas, serias y serios y con cara de pocos amigos, más bien tirando a antipáticos y antipáticas y, sobre todo, a feas y feos.

 

Tiene sus panteras y sus tigres que se tiran al cuello del domador en cuanto relaja el látigo; sus domadores de serpientes y sus equilibristas en el alambre de los pactos para conseguir el primer puesto en los carteles aunque el equilibrista siempre sonría como si nunca fuera a caerse. Hay caballos enanitos y hay tragafuegos que son más bien tragasapos, que eso del sapo en política se lleva mucho.

 

Tiene sus comparsas, que están sólo de adorno y sonríen, y cuando el ágil y el portor han hecho el numerito, abren los brazos exultantes e invitan al aplauso.

 

Es un circo con su claque, que son esos diputados que sonríen irónicamente y hacen aspavientos mientras los artistas de la otra pista completan su ejercicio. Y, además, tiene  su público en las tribunas y proscenios que también monta su numerito según le gusten o no los artistas, y abuchean y aplauden y hasta hacen  "los cinco lobitos" con las manos en alto y los deditos abiertos, o a lo mejor no son los "cinco lobitos" sino que cantan y se contonean y se dan un "piquito" como en la canción esa de "Los Pajaritos".

 

Y todo muy decente, que ya ha dicho el señor Rodríguez Zapatero que ahora somos más decentes con esto del matrimonio gay... ¡hombre, Presidente, decente lo que se dice decente...! Seguro que por algún anaquel de La Moncloa debe de haber un diccionario de sinónimos.

 

Pero también hay circos ambulantes.

 

En La Moncloa lo monta el Presidente del Gobierno en la audiencia con el Primer Ministro marroquí, y en Toledo el Presidente de Castilla- La Mancha desde un avión espía para ver cuánta agua gastan en lavarse los murcianos.

 

Se monta en las elecciones gallegas, en el futuro gobierno de Galicia, en el PP de Galicia y en la deuda histórica de España con Galicia.

 

Monta el circo Montilla con su número del audiovisual -más difícil todavía- que es un número de prestidigitación y escamoteo, nada por aquí, nada por allá, un pase de manos y ¡zás! aparece una cadena donde no la había y una se abre cuando estaba cerrada. Cosas de la magia. Y también hace magia don José Bono y se saca de la chistera agresiones y puñetazos

 

Y Puigcercós, el tonto inútil, da clases de catalán a los vigilantes del circo, y Maragall presenta a la nueva artista Soledad Turá de la que dice que es una buena candidata "a lo que sea". No hay como saber presentar el "book" de un artista al que se quiere lanzar a la fama. "Hace el número que sea".

 

Y se monta el circo en los nuevos juzgados contra la violencia de género, en los que todos protestan y todos están disconformes. Y, para disconformes, el circo que se montó en torno a Federico Trillo en los pasillos del Congreso al que accedieron los artistas invitados con una guía de lujo, al parecer, la diputada socialista doña Carmen Sánchez, que hizo como de acomodadora.

 

Incluso se montan circos en el extranjero, y allí se manda de jefe de pista a un embajador extraordinario, el señor Cortizo, que sólo reparte programas de una parte de la pista.

 

Y se montarán álbumes con fot