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Tribuna libre

La Semana. España, el país alegre y confiado de Zapatero donde nunca pasa nada: ni gripes, ni inflación, ni bebés reales

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...Pero aquí nunca pasa nada. Ni los pollos tienen gripe, ni se queman camiones, ni sube la inflación, ni los precios del gas tienen nada que ver con "opas" ni con operaciones empresariales, ni los pisos son caros, ni Marruecos nos hace la puñeta, ni los Estados Unidos nos miran revirados. Vamos, que ni siquiera don Wanderlei Luxemburgo se equivoca. Por no ser, ni las contracciones de S.A.R la Princesa de Asturias son las definitivas. Somos "el país alegre y confiado".

...Pero aquí nunca pasa nada. Ni los pollos tienen gripe, ni se queman camiones, ni sube la inflación, ni los precios del gas tienen nada que ver con "opas" ni con operaciones empresariales, ni los pisos son caros, ni Marruecos nos hace la puñeta, ni los Estados Unidos nos miran revirados. Vamos, que ni siquiera don Wanderlei Luxemburgo se equivoca. Por no ser, ni las contracciones de S.A.R la Princesa de Asturias son las definitivas. Somos "el país alegre y confiado". Lo de "alegre y confiado" es evidente nada más contemplar las sonrisas de nuestros políticos. Hay que reconocer que cada vez son menos los que se ríen y cada vez se ríen menos. Si estará confiada y alegre la oposición que el señor Rajoy postula la vuelta de don Felipe González -que ya es postular- como Secretario general del PSOE. Una gracieta: "Vuelva usted, señor González". Cuando uno sigue las noticias, siempre mira "a la vuelta" y piensa que tras la noticia pasará algo. Pues no, no pasa nada y la verdad es que todo sigue igual. Un ministro propone una reforma laboral y se la "tumban" patronal y sindicatos, pero no pasa nada. Bruselas nos acosa casi tanto como los subsaharianos -precisamente con el asunto de los subsaharianos, pero no pasa nada. La calle abuchea de forma repetida e insistente al Presidente del Gobierno, pero no pasa nada. Dicen que llega otro "Tireless" a Gibraltar (y van siete, casi como las soluciones de don José Luis Rodríguez Zapatero), pero aquí no pasa nada. El señor Carod Rovira le hace y le deshace las crisis al Presidente de la Generalidad, pero no pasa nada. El problema de Cataluña se centra en el pañuelo del señor Companys, pero no pasa nada. Hasta baja el nivel del "Planeta" y el señor Marsé rompe "la disciplina de voto": tampoco pasa nada. Es como si el personal, estuviera anestesiado y ya tragara todo. El señor Rodríguez Zapatero, ya no sólo desprecia la bandera nacional de los Estados Unidos sino que se permite una charleta risueña con don Pasqual Maragall mientras suena el Himno Nacional de España. El personal se arremolina y se molesta, pero no pasa nada. El Partido Popular en Cataluña es -se quiera o no- una jaula de grillos, pero como el "cri-cri" se oye menos por los follones del tripartito y de Convergencia y Unió, los señores Piqué y Vidal Cuadras hacen su guerra particular y casi nadie se entera y, además, no pasa nada. ¿Qué va a pasar en un país en el que el Presidente del Gobierno se descuelga en una revista medio de moda, medio de actualidad, medio de cotilleos, medio de "glamour", medio de anuncios, diciendo que es "rojo", que es el encanto de las nenas, "el justiciero de las mujeres", que se le tiran al cuello, el utópico que desde que nos falta Metternich está él para salvar la ONU, que se gusta y se quiere y que se encanta a sí mismo? Pues eso; que en ese país no puede pasar nada. Sale don Pepiño Blanco y dice que el problema no es la palabra "nación", que ahora sí, ahora es constitucional, que el problema reside es que "no es conveniente" y que los socialistas todos dicen lo mismo aunque de formas y con matices distintos. Y don Joaquín Leguina asegura estar preocupado "como casi todos los socialistas", y el señor Guerra dice de todo y por su orden, pero no pasa nada. Y todos quieren quitar de en medio y que no pise el Palacio de la Plaza de San Jaime al señor Maragall, pero no pasa nada. Las voces de los futuros candidatos del PSOE a las autonomías y a las alcaldías se alzan entre suplicantes y airadas -"es que lo de Cataluña va a tener repercusiones electorales para mí"-, pero no pasa nada. Ni los políticos, ni el electorado, ni la sociedad reaccionan. Nos hemos instalado en la sonrisa boba. Tenemos la boca permanentemente abierta y, además de tragarnos todo, se nos cae la baba.