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La Semana: Galicia se quema y al gobierno le caen las brasas encima

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Se nos acaba agosto con las imágenes de una joven viuda, vestida con el uniforme militar y cuadrada ante el féretro de su marido. Todo un símbolo de la entrega y el sacrificio de la familia militar, que ha estado en el centro de la vida política en las últimas semanas de un nefasto mes, que comenzaba con 11 muertos en Guadalajara y termina con 17 cadáveres en Afganistán.

Se nos acaba agosto con las imágenes de una joven viuda, vestida con el uniforme militar y cuadrada ante el féretro de su marido. Todo un símbolo de la entrega y el sacrificio de la familia militar, que ha estado en el centro de la vida política en las últimas semanas de un nefasto mes, que comenzaba con 11 muertos en Guadalajara y termina con 17 cadáveres en Afganistán. Un mes pródigo en acontecimientos. Galicia se quema y al nuevo gobierno le caen las brasas encima, casi sin tiempo de tomar posesión. Carod Rovira aprieta las tuercas al Gobierno en ese ridículo mecano autonómico que ha creado en su separatista y calenturienta mente, y un día sí y otro también, se descuelga con reivindicaciones más o menos chuscas que nos hacen entender perfectamente sus fines aunque no hablemos gallego, catalán o euskera. Lo cierto es que el político de Esquerra siempre pilla al Gobierno con el paso cambiado y parece que le tiene cogido por las "fibras", ahora que Zapatero las tiene tocadillas. Maragall pone parches, se echa las manos a la cabeza y aguanta el tirón de la alianza -divertida alianza- entre Convergencia y Unió, y tiene tiempo, no solo para decirnos lo que tiene que ser Cataluña, sino también para ordenarnos lo que tiene que ser España. Mientras, el Estatut se las va a ver y desear para ver la luz. Es como el chiste del niño que era tan feo que cuando, en pleno parto, asomaba la cabeza, el médico le empujaba para adentro. José Blanco la toma con Arruche -¿con Arruche o con Bono?- y parece que la cacería está servida; en Ferraz ya se habla de "neutralizar" a Bono. Moratinos no está. Lo malo es que sí se le espera y amenaza con irse a Gaza a arreglar las cosas. Que Dios coja confesados a israelíes y palestinos. Mientras, aquí, al ministro de Asuntos Exteriores le arreglan sus cosas la vicepresidenta De la Vega en América, Trinidad Jiménez en Oriente y la concejala de Córdoba en Cuba, Ceuta y Melilla. Un detalle de las "paritarias" El señor Pere Navarro es como el cobrador de las asociaciones que se ocuparán, en su día, de nuestro entierro. Amenaza, amenaza, y no para de amenazar, pero las cifras siguen siendo aterradoras y ahora resulta que las ambulancias españolas llegan más tarde que cualquiera de sus colegas europeos a atender a los heridos en carretera. Igual es que están atrapadas en algún atasco y no han salido de forma escalonada. Y es que, entre alarmas, emergencias por el calor, emergencias por las riadas y asuntos varios, el ciudadano está en un ¡ay! Rodríguez Zapatero ha disfrutado de lo que algún malévolo denominará "ocius interruptus". Pero aun así, ha tenido tiempo de sonreír a los canarios y a los turistas que estaban alrededor de "La Mareta". Unas vacaciones -todo hay que decirlo- presididas por la discreción de la familia presidencial. El calor ha apretado y parece lógico, que la gente se tire de cabeza a cualquier piscina, sin pararse a pensar si es la suya o es la de algún periodista. Y es que la sequía está siendo demasiado pertinaz. El turismo sigue llenando playas y montañas, pero hay truco. Un truco que tendrá inquieto al señor Solbes: vienen más, pero se gastan menos. A la vista del llenazo en algunas playas, a lo mejor sería de desear que vinieran menos y que gastaran más. Sesión, es de suponer con luz y taquígrafos, pero sin televisiones en la Comisión de Defensa del Congreso. Exhaustiva intervención del ministro Bono que convenció a los previamente convencidos y no convenció a los que no lo estaban antes. En las intervenciones, los grupos parlamentarios se tentaron la ropa. Una enorme prudencia en todos, para que nadie acuse a nadie de utilizar una tragedia en su beneficio político. Poco más. Como en el 11-M y como en Guadalajara, de la catástrofe de Afganistán, lo único seguro son los 17 muertos.