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La Semana de Rodríguez Zapatero: De la democracia imprevisible a las avalanchas coyunturales

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Es lo que tiene esta democracia -según el señor Rodríguez Zapatero- que es imprevisible y claro así pasa lo que pasa y se nos vienen las avalanchas encima y con las avalanchas llegando de forma imprevisible y coyuntural, pues estamos en una continua duermevela de alerta, se nos entornan los ojillos y se nos pone a todos la sonrisa boba que desconcierta hasta al señor Yetú.

Es lo que tiene esta democracia -según el señor Rodríguez Zapatero- que es imprevisible y claro así pasa lo que pasa y se nos vienen las avalanchas encima y con las avalanchas llegando de forma imprevisible y coyuntural, pues estamos en una continua duermevela de alerta, se nos entornan los ojillos y se nos pone a todos la sonrisa boba que desconcierta hasta al señor Yetú. Claro que la cara que se le puso al amigo marroquí a lo mejor fue cuando escuchó el silencio -algunos silencios son clamorosos- del Presidente del Gobierno español ante el informe de la Guardia Civil sobre la naturaleza y la procedencia de las balas que causaron la muerte de los cinco "sin papeles". Avalanchas de ETA en Ávila y Zaragoza que -al ser coyunturales- igual provocan una riada de negociaciones. Y venga avalanchas de esas imprevisibles y coyunturales pero que "se veían de venir". Bueno las veía llegar todo el mundo, menos don José Luis Rodríguez Zapatero. Avalanchas en Ceuta y Melilla, minutos antes de la cumbre hispano-marroquí y con la policía de tráfico alahuíta desviando la circulación desde Fuerteventura a las dos ciudades españolas. Imprevisible y coyuntural. Y con un ministro, el señor Caldera, convertido en el heraldo de la emigración a España, al que solo le falta hacer una gira de promoción por el África subsahariana. Imprevisible y coyuntural. Y más avalanchas estas con loa senyera por delante. Imprevisible el "paripé" de los señores Mas y Maragall que casi llegan a las manos, se retiran el saludo y, como consecuencia de todo ello, aprueban un Estatut inconstitucional y lo mandan a Madrid y Madrid lo va debatir. Que si yo fuera el señor Ibarretxe estaría molesto porque mi plan no tuvo ni siquiera una acogida coyuntural. Avalanchas en el PSOE. Don José Bono se remansa y "confía plenamente" en el Presidente del Gobierno, mientras persevera en sus devociones marianas con la Virgen de Cortes, que ya es casualidad la advocación del pueblo del Ministro de Defensa. No se remansa lo más mínimo la avalancha guerrista y "ni locos vamos a votar la palabra nación". Ni siquiera van a decir que sí al Estatut, de forma coyuntural. El señor Huget, Consejero de la Generalidad de Cataluña, no solo no se remansa sino que se desparrama coyunturalmente en avalancha incontenible para amenazarnos con lo que ningún español bien nacido debería amenazar nunca a sus compatriotas, aunque la guerra civil del señor Huget tenga comillas. Y el señor Peces Barba -el bajo comisionado- se avalanza sobre el derecho, lo deja a la altura del betún y a merced del progreso, mientras cesa a Doña Dolores de la Fuente que pasaba por "ser de Rajoy". Y es que hay nombramientos que, con el tiempo, se vuelven imprevisibles y coyunturales, como la democracia y las avalanchas.. Don José Blanco ha seguido esta semana -en plena avalancha verbal- su campaña contra el Partido Popular: "El PP sigue anclado en una visión antigua de España y sus dirigentes han superado la fecha de caducidad". La afición de este hombre por el pasado es preocupante y casi coyuntural como una avalancha. Pero no se para en barras y se convierte en torrente -nada que ver con Santiago Segura- de análisis económico que se dirige imparable a la mesa del señor Solbes. Dice don José Blanco, en un razonamiento que para sí hubiera querido Adam Smith, que: "a aumento del gasto público, más avance social y más modernización del país; más autovías, más pensiones, más becas y más vivienda. No es posible avanzar y modernizar el país si no hay más recursos". La madre de todas las avalanchas. Claro que hay avalanchas y avalanchas y una son más previsibles y más coyunturales que otras. El señor Simancas pide que se cree la figura del "defensor del árbol". Es de suponer que el hijo del señor Simancas siga distraído con la play station ya arreglada, o con la nueva portátil que ya está en el mercado, y no pedirá a su papá que le compre un perrito, porque el conflicto estaría servido y saldría por ahí una avalancha de perros en forma de plataforma coyuntural defendiendo el derecho de los canes a levantar la patita en los árboles. Los señores Aznar y Rajoy en FAES se convierten en una amenaza para el Estatut, pero de momento sólo son una amenaza coyuntural; lo que pasa es que el ex Presidente se lo toma con una cierta socarronería, mientras que el aspirante se tiene que mostrar más circunspecto. Y a todo esto el señor Rodríguez Zapatero sufre en sus carnes una avalancha de pintura -de pintura de pintar canchas de baloncesto en terrenos isleños- que debe ser una pintura muy especial a juzgar por el precio, salvo que la pintura sea un "goya" descatalogado, en cuyo caso se justificarían los 9.000 euros del óleo. Las espaldas de don José Luis Rodriguez Zapatero son anchas y sonríe. Es como los bañistas que sortean las olas entre grititos y saltos jacarandosos. Una delicia. Más que nada porque son imprevisibles, como la democracia. Claro que si el señor Carod Rovira dice que "no es imposible que haya un ministro de Esquerra en el Gobierno español" las avalanchas se moderan mucho y todos podemos poner la sonrisa boba en nuestros labios aunque sea de forma coyuntural.