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Tribuna libre

La Semana. De las prohibiciones de la ministra de Sanidad y las nacionalizaciones bolivianas, a la OPA de Competencia

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Llegó Don Evo Morales procedente de su periplo “chavense y castrense”, se entrevistó con el señor Moratinos, con el Presidente del Gobierno y con S.M el Rey y, en una agenda apretadísima, aún le dio tiempo de asustar a los empresarios españoles. Que dicen los que allí estaban que salían demudados de la comida con el presidente electo de Bolivia.

Llegó Don Evo Morales procedente de su periplo “chavense y castrense”, se entrevistó con el señor Moratinos, con el Presidente del Gobierno y con S.M el Rey y, en una agenda apretadísima, aún le dio tiempo de asustar a los empresarios españoles. Que dicen los que allí estaban que salían demudados de la comida con el presidente electo de Bolivia. Y no era para menos. En la rueda de prensa que ofreció, tras su entrevista con el señor Rodríguez Zapatero, habló en corto y por derecho: “va a haber nacionalizaciones; socios pero no patrones”. Lo demás, pura retórica o pura demagogia, como eso de condonar la deuda. El que ha mirado para otro lado en esta visita ha sido don Mariano Rajoy, que ante los insistentes requerimientos de Asuntos Exteriores, ha dicho, por boca de doña Ana Pastor, que era un problema de agenda. Empieza el año con una semana generosa en prohibiciones y amenazas. Ya sabíamos lo de que “el fumar se va a acabar” pero el espectáculo de las puertas de las empresas llenas de colillas es algo inusitado. Hasta el señor Belloch, tan mirado él ahora que tiene que mantener limpia Zaragoza, quiere que los fumadores lleven un cenicero portátil. Sabíamos también lo de las subidas espectaculares de la bombona de butano y hasta podíamos intuir lo de las multas de don Alberto Ruiz Gallardón -porque alguien tiene que pagar las zanjas- pero que nos amenacen con recargos por lavarnos demasiado o por cuidar el riñón y beber más de lo previsto, o que tengamos que andar a tientas por la casa para no pasarnos de kilowatios, parece excesivo. Es una especie de mezcla entre racionamiento y dictadura que a más de uno le recordará su infancia y juventud. Y para colmo doña Elena Salgado -gustándose ella con la ley antitabaco en vigor- amenaza con algo parecido para el alcohol. En una de estas vuelve Al Capone. Lo único que baja en estos primeros días del año 2006, es la situación electoral de Partido Socialista. Ni don José Blanco, tan proclive él a las manifestaciones, se ha atrevido a decir nada y es que la cosa por Ferraz no se ve demasiado clara. Y además los del Tribunal de Defensa de la Competencia, politizados o no, ayudan poco. Que el aldabonazo con lo de la OPA de los gases y de las eléctricas ha sido de órdago a la grande y tiene en un ¡ay! a don José Montilla. Lo que pasa es que la espectacular caída de los socialistas no se corresponde con una espectacular subida de los populares y eso tiene más que crecido al señor Carod Rovira que sigue su campaña particular y ahora, por boca del señor Puigcercós, se saca de la manga “seis paredes maestras para el Estatuto de Cataluña”. La manía de los políticos por numerar todo empieza a ser enfermiza. Además el jefe de la izquierda republicana y separatista de Cataluña ha dicho a don José Luis Rodríguez Zapatero que ya está bien de paseos por Doñana y que se dedique al timón del Estatuto. Además el señor Duran y Lleida dice a Don José Luis que de escaquearse nada, que está metido en el Estatut “hasta las cachas”, que no sé como se dice en catalán, pero que en español suena la mar de claro. Los salmantinos quieren ser como la feria de Valdemorillo, que tradicionalmente es la primera del año. Ellos han sido los primeros en manifestarse. Que eso de las manifestaciones está más de moda que el botellón, ahora que estamos a la cabeza de Europa en esos menesteres de las juergas. Y ahora resulta que lo que va a llegar a Cataluña, para ese recibimiento que tiene preparado don Pasqual Maragall, son fotocopias de documentos. Mientras, el señor Caldera, salmantino él, se limita a hablar en su calidad de Ministro de Trabajo y no habla del traslado del Archivo. Igual hay que preguntarle por el paro que el traslado a Cataluña generará en Salamanca y a lo mejor así, contesta. Otro que tampoco contesta es el señor Moraleda, muy en su papel de Secretario de Estado, y hasta se permite llamar novatos a los periodistas. Curioso este señor. Dice don Alfonso Guerra -y dice bien- que “España afronta un dilema de consecuencias históricas para el futuro, al reformar los estatutos de autonomía”. Pero en su partido siguen haciendo oídos sordos a las advertencias del Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados. Lo de fumar, hasta hace poco era un placer —Sara Montiel dixit- pero ahora se ha convertido en un privilegio. Ahora los fumadores se van a la calle a “echar el pitillito” y los no fumadores a “currar”. Los listos de siempre han hecho el cálculo y la broma supone la pérdida de 14 jornadas de trabajo al año por empleado fumador. La OPA sigue colgando, y sus flecos van de allá para acá, pero ya se ha dicho de forma oficial que “ni amigos ni favores y menos a costa de los derechos de los consumidores” que, como cae en verso, parece el lema de una pancarta de esas de las manifestaciones. Para amigos los del CIS que equiparan a las familias numerosas con los alcohólicos, los que sufren trastornos sicológicos, ex presidiarios, estudiantes y otras gentes molestas. Ya sólo falta eso de “murcianos y otras gentes de mal vivir” aunque con lo del trasvase no está el horno para bollos. Y como lo del Estatuto de Cataluña parece el cuento de nunca acabar, llega doña Carme Rustadella -la de la Guía Michelín- y dice que Cataluña es una nación porque tiene lengua y tiene cocina. Y van los de Convergencia y hablan de una “histórica nación”. Y dice el señor Carod que si Cataluña no es una nación, que le expliquen cómo se votó por unanimidad que “Els Segadors” fuera el himno nacional de Cataluña. Y en eso lleva razón.