Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Semana Santa en la que se supone que Zapatero ha meditado la composición del Gobierno y Rajoy, el equipo que presentará la víspera del congreso de su partido

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La Semana Santa sirve para la meditación y para el descanso. Las procesiones y los Oficios religiosos han convocado a millones de fieles. Por más que muchos quieran recordar a Manuel Azaña, España no ha dejado de ser católica.

También la semana ha servido para que algunos tomen posiciones tanto en el futuro Gobierno, como en el posible equipo de Mariano Rajoy, aunque el Gobierno está a la vuelta de la esquina, y el equipo del Partido Popular se conocerá en ‘vísperas de junio’

También es cierto que eso de tomar posiciones, ahora, consiste en no tomarlas. Todos dicen que están a disposición del líder para lo que el líder quiera y dónde el líder quiera. Hay bocas pequeñas y marchas de corrido mejicano, ese de ‘estás que te vas y te vas y te vas…’ pero en pocas semanas todos contentos.

Bien es verdad que Rodríguez Zapatero lo tiene más fácil porque manda en el Boletín Oficial del Estado y nadie le va a toser. A Rajoy, que tiene menos poder, no es que le tosan pero, de aquí a junio, puede llover mucho y habrá algunos carraspeos.

Y además, el presidente en funciones tiene novias para dar y tomar. Unas pudorosas como Convergencia i Unió, que hace como si no estuviera interesada, y otras, que han perdido la vergüenza política, y están dispuestas a todo. Es el caso del Partido Nacionalista Vasco en el que no se sabe muy bien qué papel juega Urkullu, cuándo va a asomar la patita Josu Jon Imaz y si Ibarretxe se va a quedar para vestir santos.

 Hay novias antiguas que lo están pasando mal, que se sienten abandonadas y que no tienen ni dote. Es el caso de Llamazares -escaso en escaños- y con su partido empeñado hasta las cejas. Cómo será la situación que, ahora, Izquierda Unida baja sus pretensiones y ronda la reja de Ezquerra Republicana de Cataluña, no para una boda formal -que la izquierda ya se sabe que no cree en el matrimonio- sino para ‘arrejuntarse’ en un grupo parlamentario. El problema de flirtear con los separatistas catalanes es que no se sabe si a la reja va a salir Carod Rovira o hay que besarse con Puigcercós.

Todo son metáforas políticas a la espera de las coaliciones y de los nombres de los ministros y sí será o no será Bono el presidente del Congreso de los Diputados.

También es propicia la Semana Santa a las declaraciones. No hay demasiadas noticias y se echa mano de entrevistas que mejor no se hubieran publicado. Porque se publican declaraciones y se provoca que José María Aznar se ponga, él solito, a los pies de los caballos con su empecinamiento en justificar, por todo lo alto, la foto de las Azores y la guerra de Irak.

Cualquier político es muy dueño de seguir en sus trece, pero el caso de un ex presidente, que puede perjudicar a su partido, es muy distinto, y el propio Aznar debería administrar sus palabras, ya que parece que no sabe administrar sus silencios.

Hay otros que pueden decir todas las tonterías que se les ocurran y no pasa nada. Llamazares dice -respecto a los resultados electorales que- ‘asumo la responsabilidad, pero no la culpa’, y nadie la hace caso. O Trinidad Jiménez, que  nos explica encantada lo que ocurre con las relaciones entre Bush y Rodríguez Zapatero, y lo menos que provoca es una sonrisa. Pero de ahí no pasa el asunto.

El que acierta cuando habla es Chikiliquatre que ha dicho que, si se hubiera presentado a las elecciones, hubiera sacado 120 escaños. La verdad es que, visto lo visto, es el único al que se puede tomar en serio.  

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