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La Semana: Siete días de turbación y super-referéndum, con el primer revolcón del Gobierno y siluetas en el Windsor

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Si hay que buscar un adjetivo para la semana que ha transcurrido, pocos hay más ajustados que el de patética. Estamos perdiendo el sentido del ridículo político y las cosas tienden a empeorar. Que se lo digan a los misteriosos y “discretos” transeúntes de un Windsor en llamas: ¿qué objetivo justifica una acción tan arriesgada?

Si hay que buscar un adjetivo para la semana que ha transcurrido, pocos hay más ajustados que el de patética. Estamos perdiendo el sentido del ridículo político y las cosas tienden a empeorar. Que se lo digan a los misteriosos y “discretos” transeúntes de un Windsor en llamas: ¿qué objetivo justifica una acción tan arriesgada? Patético el espectáculo del Ministro de Exteriores, señor Moratinos, en la Puerta del Sol de Madrid, con su "superbote" para el "super sí" del "superreferéndum". Patética la Vicepresidenta, Mª Teresa Fernández de la Vega, cuando afirma sin ruborizarse que si Canal Plus pide emitir en abierto..."por qué no". Patético Felipe González cuando vuelve a hablar del "sindicato" y de amiguismo. Patéticas las conclusiones del Consejo Escolar del Estado, nombrado a imagen y semejanza de la Ministra de Educación, señora Sansegundo, sobre la clase de religión. Patética la figura de Atutxa en el Parlamento de Vitoria clamando porque llegara la ayuda de los servicios de seguridad de la Cámara ante la manifestación de los jóvenes de la formación que él mismo se niega a expulsar de ese Parlamento y cumplir así la Ley. Patética, una vez más, la triste figura de Peces-Barba en sus gestiones y comparecencias como Alto Comisionado, no se sabe muy bien de qué, ni de quiénes. Se cierra así la semana con las reacciones de los medios de comunicación al órdago del Gobierno, es decir, a la Ley que permite lo que permite, bendice lo que bendice y deja establecido lo que deja establecido en el complejo mundo de la radio y de la televisión en el que se juntan, en un mismo saco, la libertades de expresión de una sociedad y de unos profesionales de la información, con los plausibles intereses económicos de compañías y grupos mediáticos. Hay cabreo en el sector. La Ley y los modos -a pesar de que el Ministro Montilla hable de diálogo- no han gustado y la gran mayoría de los grupos informativos de este país han sacado las garras. Era previsible y en muchos sectores del PSOE se habla de una especie de globo sonda "a ver qué pasaba" y dicen también que si hay que "hacer alguna rectificación, se hace y no pasa nada". Y, además, ya lo dijo el Presidente del Gobierno... cuando una sentencia no se puede cumplir, pues ya se sabe... De momento, la Ley les ha costado al Gobierno y al PSOE el primer revolcón en la Mesa del Congreso, que no dio el visto bueno al trámite de urgencia que pretendían los socialistas. Durán i Lleida se mostró inflexible. El fuego se enseñoreó del centro financiero de Madrid, y aún no se sabe qué pasó, y mucho menos qué va a pasar. Lo cierto es que un edificio rodeado de gentes, oficinas, tiendas y centros de diversión puede derrumbarse en cualquier momento. Nadie se atreve a emitir juicios rotundos ni a hacer previsiones. Y menos cuando se insinúan misteriosas siluetas en las ventanas de un Windsor envuelto en llamas, que arriesgan de tal manera sus vidas que uno no puede menos que preguntarse el objetivo de la “discreta” visita. Termina la semana con la descafeinada campaña del referéndum europeo que más bien ha sonado a precampaña interior. Mítines, promesas, líderes europeos, en definitiva, demasiadas ascuas y demasiadas sardinas como para que la cosa entusiasmara al ciudadano. En cualquier caso, ahí está Europa y ahí está la Constitución europea. Y ahora, a continuar con nuestras cosas. Zapatero enseña un poquito los dientes a Maragall y le dice que "lo suyo" tiene que esperar al 2006, que no le vayan a aguar los catalanes sus visitas electorales a Galicia. Maragall puede que mire para otro lado, pero el que no va mirar en la dirección que marca La Moncloa es Carod- Rovira, y es ahí, precisamente ahí, donde el Gobierno Zapatero puede empezar a jugársela. Lo cierto, dicen en Ferraz, es que se han abierto demasiados frentes y abrirlos no es problema y hasta queda bien, el problema es que va llegando la hora de ir cerrando y eso es más dificil y complicado. Ya lo dijimos en LA SEMANA, el famoso pacto entre Rajoy y Rodríguez Zapatero en relación al modelo de Estado se ha quedado en los huesos, es una especie de criatura nonata. Todas las semanas alguien dice que hay que relanzarlo y en eso queda todo. ETA sigue intentándolo y, entre tregua y protesta "democrática" por no poder presentarse a las elecciones vascas, vemos fusiles de mira telescópica, pistolas, y agendas con nombres que no hacen sino corroborar lo que todo el mundo sabe: que ETA es una banda terrorista, que mata como puede y cuándo puede y que sus únicos argumentos se cimentan en los tiros. Siguen goteando las aguas del edificio Windsor y sigue el goteo de suspicacias en torno al túnel barcelonés de El Carmelo. Lo demás de la semana es lo de casi siempre: Vera entra en prisión, esta vez en Segovia; Fernán Gómez abronca a una periodista; el Papa vuelve a su ventana y a su trabajo, y Amnstrong va derecho a por su séptimo Tour.