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Tribuna libre

La Semana. A vueltas con los “enredos” de valientes, listos, tontos y cobardes en la aprobación del Estatuto

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Había un juego –no se si seguirá en el mercado- que jugaban mis hijos y que se llamaba “Enredos”. Lo mismo -solo que sin lona- está pasando con la negociación del Estatuto de Cataluña: puro enredo.

Había un juego —no se si seguirá en el mercado- que jugaban mis hijos y que se llamaba “Enredos ”. Consistía en una especie de lona que se extendía en el suelo y mediante un dado se iban tomando posiciones con manos y pies. Ni que decir tiene que el final del juego era un amasijo de brazos y piernas con los niños trabados entre sí, sin que se supiera muy bien de quién era un brazo o una pierna. Lo mismo -solo que sin lona- está pasando con la negociación del Estatuto de Cataluña: puro enredo. No es que no haya transparencia, como dice el señor Rajoy, y que no estemos enterado de lo que ocurre entre bastidores, es que ni siquiera los que están en las bambalinas saben lo que está pasando. Y va don Pasqual Maragall y dice que la aprobación del Estatuto es la salvación del señor Rodríguez Zapatero y don Alfredo Pérez Rubalcaba se saca de la manga un preámbulo que ríanse ustedes de los romances moriscos de don José Zorrilla y don Jordi Pujol detecta que algo no va bien. Pero el enredo debe de estar atascado y eso que los señores Puigcercós y Ridao se pasean por Madrid con camisa blanca y eso siempre es un indicio. Y en estas estábamos cuando, con viento de levante, se nos reduce la popularidad de Don José Bono y es que lo de los arrestos desgasta mucho. Sic transit. Ahora hasta se arresta a los jueces que también han suspendido al Presidente de la Audiencia de las Palmas de Gran Canaria. Y con viento de Levante llega el señor Rodríguez Ibarra y dice que hay que quedarse “quietos, paraos”. Pero no pararse de cualquier manera, hay que parar lo del Estatuto para dar entrada y cabida al Partido Popular y eso es como nombrar la bicha y ha dicho el señor Maragall que se retracte, que rectifique, casi como si hubiera dicho una blasfemia. Se suspende lo de Batasuna. Los jueces los ponen en su sitio, pero ETA no se resigna y sigue en sus trece. Son cosas del talante. Vuelve a la escuela don José Luis Rodríguez Zapatero y nos enseña, didáctico él, una definición de nación que como mínimo es sui géneris. Se enseña lo que se enseña en las escuelas y luego pasa lo que pasa. Porque eso de la unión y tal y tal, se parece a aquello de la “unidad de destino en lo universal” y el personal se mosquea bastante. Se llega con este bagaje a la Universidad y, aunque sea en la Carlos III, va don Joaquín Almunia y nos tira a la cara la inflación, casi como si fuera un escupitajo de Eto´o. Se acaba el plazo, dice la Vicepresidenta del Gobierno, y hay que tomar decisiones. Pero, ¿de verdad tienen alguna decisión que tomar? Se acuerdan de las ocho soluciones del Presidente del Gobierno. Para decisiones las de doña Begoña Errazti. Dice que “la organización del Estado de las Autonomías en la Constitución del 78, está en cuestión”. Esta señora cuando quiere se documenta que diría “el Blasillo”, de mi admirado Forges. Pero por frases que no quede. El señor Maragall dixit: “Cataluña será mucho más Estado en un mapa en el que España tendrá un papel arbitral”. Bromas a parte, ya verán como, al final, la Constitución la va a tener que defender el señor Sánchez Armiño. Se despide el señor Fraga de Galicia y la ministra Calvo se pasea en avión por esa misma tierra gallega. La cultura quiere ver a Rosalía a vista de pájaro. Se quieren montar clubes de fumadores, -para burlar la ley- al estilo de Phileas Fogg y don Mariano Rajoy acusa de cobarde al Presidente del Gobierno, que después ironiza y llama valiente al líder del Partido Popular. Una verbena ahora que estamos por San Antón. Y ha pasado lo que tenía que pasar. Que después de que don Mariano Rajoy sacará del sarcófago a Doña Urraca esto ha sido un desmadre. De los suevos, vándalos y alanos a los Reyes Católicos ha sido un desfile tal, de personajes históricos que la cabalgata de reyes del señor Ruiz Gallardón era una filfa comparada con este exhibicionismo histórico de nuestros políticos. Ya hay hasta un decálogo para ser buen catalán. Uno de los mandamientos es poner boca abajo los sellos de S.M. el Rey en las cartas. Debe de ser una venganza por lo de la felicitación trucada. Claro que para consejos los que daba don Enrique Tierno, ahora recordado. Pero resulta que para todo hay que hacer memoria. Tal como están las cosas ya lo decía el viejo profesor: “Y ahora, todos a colocarnos y al loro”.

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