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Tribuna libre

Siempre nos quedarán las víctimas

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El próximo 12 de julio se cumplirán ocho años del asesinato a cámara lenta de Miguel Angel Blanco. La banda terrorista primero secuestró al joven concejal del PP y dio cuarenta y ocho horas al Gobierno para acercar a todos los presos de ETA a cárceles ubicadas en el País Vasco; en caso de que no lo hiciera, le matarían, como así sucedió.

 

Aquel asesinato, ejecutado de forma tan cruel, sirvió para sacudir las conciencias de muchos ciudadanos, que en todas las ciudades de España -también en el País Vasco-  salieron a la calle para gritar alto y fuerte un claro ¡basta ya!. En aquellos terribles días fue germinando el denominado "espíritu de Ermua", que no fue otra cosa que la rebelión democrática de las víctimas.

 

Aunque ya había empezado con algún asesinato anterior -por ejemplo, el de Franciso Tomás y Valiente- o con algún secuestro -el de Julio Iglesias Zamora y el de José María Aldaya- una fuerte reacción social contra el terrorismo, se puede hablar de un antes y un después en la intensidad de esa reacción  tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

 

Ocho años después de aquellos hechos, los españoles asistimos atónitos a lo que probablemente será si no es que está siendo ya una negociación en toda regla del Gobierno de Zapatero con la banda terrorista ETA. El Presidente del Gobierno ha eliminado de forma unilateral y de un plumazo la política antiterrorista que se había venido aplicando durante los ochos años de los Gobiernos de Aznar y ha hecho una oferta de negociación -con el aval del Congreso de los Diputados- a la banda terrorista sin que está no solamente haya entregado las armas, sino que ni siquiera haya anunciado una tregua. Todo lo contrario: en los últimos ocho días, ETA ha puesto cinco bombas contra empresarios guipuzcoanos que no han pagado el mal llamado "impuesto revolucionario".

 

Por ese camino de irresponsabilidad, Zapatero ha enterrado el Pacto Antiterrorista, ha dado una patada a la Ley de Partidos al mirar para otro lado y permitir que la lista apoyada por ETA-Batasuna, la del Partido Comunista de las Tierras Vascas, se presentara a las últimas elecciones vascas; ha roto el consenso en materia antiterrorista con el principal partido de la oposición y ha elegido como compañeros de este viaje a ninguna parte, a socios tan "distinguidos" como Otegui y Carod Rovira.

 

En estos momentos tan delicados como los que está viviendo España, otra vez son las víctimas del terrorismo las que nos vuelven a dar a todos una gran lección de dignidad moral y de firmeza democrática. La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) que agrupa en su seno a más del 80% de las víctimas de nuestro País ha convocado una gran manifestación en Madrid para el sábado 4 de junio bajo el lema "Por ellos, por todos. No a la negociación en mi nombre".

 

Si hace ocho años, cuando el secuestro y el asesinato de Miguel Ángel Blanco, hubo que salir a la calle para plantarse ante la crueldad de ETA, ahora, los españoles lo volveremos a hacer, en primer lugar para mostrar todo nuestro apoyo y solidaridad a quienes han sufrido más directamente la barbarie del terrorismo. Y en segundo lugar para decir al Gobierno y a su Presidente que NO, que no estamos dispuestos a que el Gobierno democrático de España cometa la indignidad moral de negociar con una banda terrorista; que no queremos que se pague ni un céntimo de euro por la paz; que el mínimo respeto a la memoria y a la dignidad de las víctimas exige no sacrificar a éstas en un hipotético escenario de final de la violencia.

 

Como muy bien dijo hace unos días Mikel Buesa, el hermano del dirigente del PSE, Fernando Buesa, asesinado por ETA en febrero el 2000, las víctimas han renunciado a la venganza porque quieren y les queda la aplicación de la  justicia a los asesinos de sus familiares, pero si ésta desaparece, ¿que les queda entonces?

 

Por eso, estoy convencido que muchos españoles de bien estaremos en las calles de Madrid el sábado 4 de junio. Son momentos en los que no cabe la tibieza ni las posturas equidistantes. Zapatero ha

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