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Tribuna libre

Sólo faltaría que apareciera un Tamayo gallego

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Menudo sprint político el que ha vivido la sociedad gallega. La foto finish ha decidido que don Manuel Fraga proceda a recoger sus bártulos de la Xunta para pasar, a sus 82 años, a la oposición. Ya le tocaba. Ahora, se prepara un gobierno de coalición de la izquierda regional, con Pérez Touriño (PSdeG) y Anxo Quintana (BNG) como protagonistas.

 

No sé por qué, pero, tras comprobar el ajustado resultado electoral de estas elecciones, me ha venido inmediatamente a la cabeza el “caso Tamayo”. Aquel “affaire” que acabó con las esperanzas de conseguir el Gobierno de la Comunidad de Madrid de Rafael Simancas, de Inés Sabanés y todos los que esperaban un “cambio”. Un suceso que vino precedido de otra apretada victoria en las urnas.

 

La lección de aquel escándalo fue muy clara. Si resulta higiénico encajar las derrotas políticas, igual de conveniente se ha demostrado saber asimilar con sensatez y cordura las victorias.

 

Don Manuel tiene muy complicado cumplir la parte que le toca. Uno no acierta a imaginar el tinglado que puede haber montado en unas instituciones regionales, públicas y privadas, tras cuatro mayorías absolutas consecutivas. Las personas que deben de haber crecido al amparo de papá-autonomía, los galanteos interesados a quienes movían el cotarro, las puertas que se deben de haber abierto durante estos años sólo con enseñar el carné del partido gobernante…

 

Lo que ahora le espera al Partido Popular es más bien lo contrario: soledad, grandes dosis de indiferencia de aquellos que antaño tanto les halagaban, y puertas cerradas a cal y canto a pesar de las gaviotas. ¿Quién recoloca ahora a todos esos funcionarios, personas de confianza de los actuales dirigentes de la Xunta, que –visto lo visto en el Gobierno de la nación- van a ser desalojados sin tener tiempo de decir esta boca es mía?

 

Dura travesía del desierto para los chicos de don Manuel, sin duda.

 

No obstante, también existe gran interés por comprobar cómo asumen el poder los socialistas y los dirigentes del bloque nacionalista. Hay muchas ganas de comenzar a mandar, y también familias de distintas sensibilidades en cada formación que, tras tantos años “a oscuras”, demandarán ya esta misma semana algo que echarse a la boca.

 

Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez se encuentran hoy desaparecidos en combate, tras su aventura trasfugista y su frustrado intento de lanzar un proyecto político llamado Nuevo Socialismo. La pareja decidió abandonar la disciplina de partido al sentirse maltratados en el reparto de consejerías en Madrid. Denunciaron que tres departamentos irían a Izquierda Unida –frustrado socio de gobierno con Simancas- incumpliendo lo prometido por José Blanco a “Renovadores por la Base”.

 

Fue un espectáculo increíble que provocó, meses después, unas nuevas elecciones regionales. Esperanza Aguirre no desaprovechó la segunda oportunidad y, tras el bochornoso espectáculo de la izquierda, cosechó una victoria que ha dejado tremendamente escocidos a socialistas y comunistas.

 

¿Sucederá lo mismo en Galicia? ¿Sabrá la izquierda derrochar talante y talento para dar de comer a todos los que demanden vituallas? Y es que una victoria tan ajustada puede provocar que alguno pretenda negociar con un poderoso as bajo la manga: si no hay nada “de lo mío”, quizá me abstenga en la próxima votación.

 

Lo dicho. Nunca fue tan importante el talante socialista como ahora.

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