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Tribuna libre

Soplones, los GAL, Rubalcaba y los confidenciales

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Los hechos vuelven a desmentir a quienes tratan de deslegitimar a los confidenciales repitiendo aquello de que sólo son altavoces de rumores

España atraviesa una etapa crucial de su historia. Quizá sea un tanto pretencioso hablar del comienzo de una segunda transición política. Sin embargo, la densidad de los asuntos que se están debatiendo en nuestro país provoca que uno se ponga un tanto melodramático y haga uso de un epígrafe con tanto peso específico.   Estamos asistiendo a la gestación de un nuevo modelo de Estado, que el presidente del Gobierno ha vendido como una modernización de las autonomías a la que no se puede renunciar si se quiere reconocer plenamente la diversidad territorial y adaptar los estatutos regionales a la presencia en Europa, la globalización y la inmigración.   Rodríguez Zapatero ha sustentado también su primera legislatura en la imposición de un nuevo modelo social, que va desde la revisión del papel de la Iglesia en un estado aconfesional hasta la recuperación de la memoria histórica –en sentido unidireccional, por cierto-, pasando por una nueva ley de la Educación, la eliminación de las leyes que aprobara el PP o la ley de matrimonios homosexuales.   La tercera pata del taburete presidencial, del proyecto político del PSOE, es la consecución de la paz en Euskadi. El jefe del Ejecutivo considera que hay margen para ello y se va a empeñar al 100%. El problema es esa inquietante filosofía suya del “como sea”, revelada a la opinión pública sólo gracias a un micrófono indiscreto, que recogió hace unos meses el curioso principio negociador del inquilino de la Moncloa.   De ahí que el alto el fuego permanente de ETA, que debiera resultar esperanzador para el común de los mortales, se trueque en amenazante espada de Damocles sobre la mitad del país como poco. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el presidente con un modelo de conducta de estas características? ¿Traspasará esa inquietante frontera definida por ‘el fin justifica los medios’?   Por si había algún cándido entre los espectadores, el interlocutor presidencial –los pistoleros abertzales- ha vuelto a dar una pincelada de cómo se las gasta. Acabo de enriquecer mi hemeroteca personal con la página 20 de El País del jueves pasado, que encabezaba el siguiente titular: “ETA reclama al Gobierno garantías de que la Constitución no frenará la decisión de los vascos”.   Eso. Con un par. ETA no quiere que se detenga a sus activistas, aunque sigan extorsionando. ETA no quiere a Otegi en la cárcel, aunque organice actos con la ilegalizada Batasuna. ETA reclama que el presidente se salte el estado de derecho y presione a los jueces. ETA está encantada de contar con soplones policiales que les permitan eludir la acción de la justicia. ETA espera poder presentarse a las próximas elecciones. ETA exige dinero contante y sonante. ETA exigirá medidas de gracia para sus presos.   ETA quiere. ¿Resistirá el presidente? ¿O su doctrina pactista, inspirada en ese eslogan suyo del ‘como sea’, le llevará a prostituir nuestra Carta Magna? ¿Tendrá Zapatero la valentía de explicar a ETA, que si el Gobierno continúa saltándose la Constitución, entonces los GAL estarán justificados? Ojo, no sólo los GAL. También esas supuestas torturas a presos etarras denunciadas por miembros de la banda desde tiempo inmemorial. Y el entierro en cal viva de Lasa y Zabala. Y… Si no hay reglas todo está permitido, mientras el fin lo justifique. Una trampa de la que es imposible salir vivo.   Mientras asistimos a momento tan crucial de la vida de un país, sepan ustedes que El Confidencial Digital les va a seguir acompañando. Continuamos comprometidos con la información y nuestros lectores, esforzándonos por hacer ese periodismo que procura adelantar noticias sin limitarse a “refritar” lo que otros han descubierto, ni reproducir sin más entrevistas de algún modo políticamente correctas, ni a la espera de la llegada del texto inédito en forma de dossier.   Seguiremos trabajando –como hemos acreditado de sobra en estos cuatro años de existencia- por aportar diariamente informaciones originales y datos propios, que ayuden a los ciudadanos a conocer y comprender lo que está pasando. Es un terreno espinoso, y no han faltado –igual que a otros medios que aportan información propia- experiencias que han servido para constatar la incomodidad que eso supone para algunos. Quizá por esto, hay quien sigue tratando de deslegitimar nuestro trabajo, insistiendo machaconamente sobre la misma idea: los confidenciales son únicamente altavoces de rumores.   Sin embargo, los hechos revelan otra cosa bien distinta. Hace dos semanas –concretamente, el pasado 12 de junio- ECD desveló que la juez Laurence Le Vert estuvo a punto de detener el pasado mes de mayo a la cúpula de ETA pero una filtración desde España desbarató la operación. Veinticuatro horas después, este confidencial se hacía eco del enorme revuelo que provocó la información en el Ministerio del Interior, desde donde se negaron los hechos pero, curiosamente, de manera un tanto imprecisa y vaga.   En aquella pieza se añadía un dato más, de cierta relevancia. Según fuentes policiales, en el centro del polémico soplo se situaba, nada más y nada menos, que al mismísimo Comisario General de Información, Telesforo Rubio, con cuya labor parece no estar del todo conforme el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que ahora va preguntando por Interior: “¿De qué información sensible dispone Telesforo que pudiera utilizar contra nosotros en el caso de que necesitáramos quitárnoslo de en medio?”.   Todo se ha cumplido a la letra y el juez Grande Marlaska investiga para descubrir al soplón. Mientras tanto, y como decía al inicio, España atraviesa una etapa crucial de su historia. El Gobierno que dirige sus pasos tiene que estar a la altura y evitar las trampas de los terroristas, los atajos y las prisas. Al menos por prudencia (y utilizando un símil futbolístico en sintonía con lo que está pasando en Alemania), este medio de comunicación llamado ECD va a seguir la jugada muy de cerca. Como hasta ahora, les vamos a seguir dando a conocer todo aquello que veamos digno de ser recogido. Le pese a quien le pese.

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