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En Ferraz hay quien sostiene que el gran enfado de Felipe González con José Luis Rodríguez Zapatero tiene mucho que ver con ciertas dosis de presunción que, a juicio del sevillano, destila el Presidente del Gobierno. FG contempla perplejo cómo a su sucesor se le ha subido el cargo a la cabeza en apenas unos meses y comenta, incluso despechado –ver la noticia publicada por ECD-, que a él esto tardó en pasarle seis años.

 

Existe cierta unanimidad. Los que le conocen bien, aseguran que Zapatero está crecido, quiere mandar y se considera con pleno derecho a ello. Pasó muchos años de “conseguidor” en el partido, especie de chico de los recados de unos y otros, y ahora parece haberle llegado su turno. Tal vez bajo este prisma se entiendan mejor ciertos “tics” del jefe del Ejecutivo, que han sorprendido hasta a sus más cercanos colaboradores.

 

Zapatero quiere pasar a la historia como el hombre que logró traer la paz a nuestro país. Loable deseo, vive Dios, que esperemos se cumpla más pronto que tarde. Pero el señor Presidente debe tomar en consideración que tal objetivo no puede alcanzarse a cualquier precio.

 

Y la política del silencio, de la discreción mal entendida, y de la “oscuridad” por el bien del país que ha adoptado Rodríguez Zapatero en este terreno, da más miedo que esperanza. Y es que, hablando de Felipe González, ¿cómo no recordar esa mancha negra en el historial de la piel de toro llamado GAL? ¿No fue concebido ese engendro desde el Estado, a espaldas de la ciudadanía, con el “noble” fin de acabar de una vez por todas con ETA?

 

Parece confirmarse que la celebérrima máxima de “el fin no justifica los medios” no ha terminado de calar del todo en la izquierda española. Y de ese convencimiento, corroborado por los hechos, es de donde nace el temor radical que el españolito de a pie manifiesta hacia las oscuridades. ¿Qué estará pactando mi presidente? ¿Qué compromisos estará adquiriendo a nuestras espaldas?

 

Por eso, la afirmación del secretario de Organización del PSOE, de que a este país la única información que le interesa es que ETA abandone las armas, produce un cierto escalofrío. No sólo eso nos interesa, señor Blanco, no sólo eso. Los mercenarios, tan bien conocidos por los condenados Amedo y Domínguez, querían lo mismo, y sin embargo España largó del Gobierno a un partido que utilizó a todas luces un camino equivocado para conseguirlo.

 

Por lo tanto, una ETA sin armas, sí; pero cuidando mucho los medios que se utilizan para conseguirlo. En este asunto hay muertos encima de la mesa, no lo podemos olvidar, por más ganas que uno tenga de pasar a la historia o de ejercer el poder concedido por las urnas.

 

De ahí que ese otro mensaje lanzado desde Moncloa, que establece una tétrica capa de sombras en otro luctuoso capítulo de la historia reciente de España, el 11-M, nos sumerja aún más en la incertidumbre. La comisión parlamentaria para investigar esos trágicos sucesos será clausurada con toda probabilidad antes del verano, a pesar de que sigue sin haber respuesta a los principales interrogantes. Más silencio, más sospechas.

 

¿Caerá Zapatero en la trampa de la obcecación, tan a mano de los que tocan poder? ¿Cuenta el Presidente con asesores sinceros, de esos que no doran la píldora y son capaces de despertarle a uno de un mal sueño? Basta de silencios: que alguien responda.