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Tribuna libre

La T-4 de Barajas y el Madrid de las verbenas

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La ventaja de la verbena de la Terminal 4 frente a otras verbenas es que no tienes que pagar nada. Ya lo has pagado antes con tus impuestos o con el billete.

¿En qué se parece la T-4 de Barajas a la capital de España? En que ambos tienen verbenas. Y no es broma.

Alguien dijo una vez que se había inventado el avión pero no el viaje en avión. Pues parafraseando se puede decir que alguien ha inventado un estupendo edificio, una maravillosa obra de la arquitectura moderna, pero se le ha olvidado “inventar” una terminal de viajeros por avión.

Uno llega a la T-4 tras un viaje de 12 horas procedente de un país sudamericano y sale por la puerta del aparcamiento dos horas después. ¿Qué ha ocurrido entre tanto? La verbena. Uno ha estado de verbena

En la T-4 hay de todo, como en una auténtica verbena, ahora que tenemos tan reciente la casticísima de San Antonio. Una verbena con sus luces que se apagan y se encienden al compás de los retrasos de los vuelos o de la lenta salida de las maletas.

Una verbena con su carrusel de cintas rodantes en las que uno se lo pasa bomba y hasta puede sentir vértigo. Una verbena con su montaña rusa porque desde que se sale del avión hasta que se llega al aparcamiento se han subido hasta dos pisos varias veces y se han bajado otros tantos otras tantas veces.

Una verbena con su tiro al blanco. Las maletas van saliendo como los antiguos animalitos a los que se disparaba con escopeta de perdigones, y de pronto se paran para desconcertar al tirador –léase al viajero- que mira con ojo avizor si ya llega la suya.

Una verbena en la que hay apuestas. Los viajeros cruzan quinielas a ver cuánto tarda su equipaje o si sale el de uno antes que el del otro: el que vea su maleta el último paga los cafés.

Hay emociones que hacen subir y bajar el estómago: ¿me habrán perdido el equipaje?

Como en toda verbena que se precie hay ruido y megafonía aunque ésta advierte que no avisa de los vuelos, que para eso hay que mirar las pantallas. O sea, como en las verbenas, una música de fondo que nadie escucha.

También como en las verbenas la gente corre alocada de una atracción a otra. Va de una puerta a otra, de cola en cola, de escalera en escalera y hasta parece que hubiera adivinas que en vez de echar las cartas vaticinan por qué número de cinta transportadora saldrá el equipaje.

Y no podía faltar el tren de la bruja. Si tiene que embarcar o desembarcar por una especie de sucursal que le ha salido a la verbena de la T-4, una T-4 S, le llevan en un tren bajo amenaza de caerse si no se agarra uno a la barra, amenaza que suena por la megafonía esa que avisa de todo menos de los vuelos.

Sí se nota la falta de humo con olor a churros y la ausencia de polvo. La verdad es que en la verbena de la T-4 todo está limpio y aséptico y ahí el ambiente baja mucho

La ventaja de la verbena de la T-4 frente a otras verbenas es que no tienes que pagar nada. Ya lo has pagado antes con tus impuestos o con el billete, pero la sensación de subir gratis a todas las atracciones como si te hubieran puesto la pulserita del abono no te la quita nadie.

Un fallo: lo único que falta en la T-4 es el baile. Pero todo se andará y lo habrá hasta con organillo.