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“House” hace de mí una seguidora fiel de Cuatro. Y mi marido es aficionado al fútbol, por lo que seguirá La Sexta con el Mundial

Que la cotización en bolsa de Telecinco, Antena 3, Sogecable y Prisa  haya bajado el día en que La Sexta arrancaba sus emisiones es algo que, de entrada, interesa principalmente a quienes invierten en estas compañías, que no es mi caso. Lo que sí me preocupa de manera personal y directa es el resultado final de todo este proceso de lanzamiento de nuevos canales con vocación de sintonización universal. De momento, a falta de argumentos más sólidos del tipo de aquellos que vinculan la ampliación de oferta con la ampliación de las libertades y el pluralismo informativo e ideológico, relación que aún está por demostrar en nuestro país, me basta con tener un par de canales más en los que buscar el entretenimiento que persigo cuando me tiro delante del televisor.   Me confieso consumidora ávida, aunque selectiva, de series de ficción y enganchada puntualmente a la mosca de Cuatro, que ha sido capaz de entender que con “House” hacen de mí una seguidora fiel de sus noches de martes. Y mi marido es aficionado al fútbol, por lo que igualmente será seguidor de La Sexta cuando arranque el Mundial, suponiendo que para entonces hayamos logrado sintonizar la señal.   Por otra parte, el consumo de televisión no se dispara cuando aumenta el número de canales disponibles sino que, más bien, se reajusta. Un ejemplo: según datos de Sofres, los individuos que tienen acceso a plataformas de televisión multicanal de pago en España, con decenas de canales de televisión, dedican a ver la televisión tan sólo cinco minutos más que los individuos que únicamente tienen acceso a los canales les llegan por la antena de su casa. De la misma manera, se sabe desde hace décadas que los individuos que tienen acceso a ofertas amplias y variadas de televisión configuran sus menús personales con sólo unos cuantos canales, pocos más de una decena, aunque puedan elegir más de 100. La hipótesis podría formularse así: cuanto mayor es la capacidad de opciónmás selectivo es el consumo.   Dicho esto, si los aproximadamente 33 millones de españoles que vemos la televisión según el Estudio General de Medios, nos segmentamos adecuadamente para asegurar que todas las teles cuentan con audiencia no sólo suficiente en dimensiones, sino también en composición y adecuación al “target” perseguido, de manera que todas ellas puedan mantener su estrategia de programación sin necesidad de maximizar audiencias por la vía de bajar los estándares, entonces el beneficio de la puesta en marcha de dos nuevos canales nacionales será real si lo consideramos estrictamente en términos de libertad del consumidor.   Y si además de todo ello se consigue, por imposición del mercado o por la más habitual de la reglamentación legal y la acción de los poderes públicos, el correcto servicio de los medios audiovisuales a quienes somos, antes que consumidores, ciudadanos, garantizando la libertad de expresión, el pluralismo informativo, el respeto a nuestros derechos personales al honor y la intimidad y a los derechos de nuestros hijos a no ser agredidos en y por los contenidos de la programación, entonces habremos ganado mucho más que dos o doscientos canales de televisión.