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Tiempo electoral

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Estamos ante unos meses de marcado carácter electoral, en el que lógicamente incidirá la marcha del mal llamado “proceso de paz”.

El tiempo político que ha comenzado después de las vacaciones de Semana Santa estará marcado por las dos próximas citas electorales: una, ya muy próxima, las elecciones municipales y autonómicas en trece Comunidades el próximo 27 de mayo. La segunda, las elecciones generales, que si se agotara la legislatura tendrían que celebrarse en marzo de 2008, pero que en uso de su potestad constitucional, el Presidente del Gobierno podría adelantarlas.

Estamos por tanto ante unos meses de marcado carácter electoral, en el que lógicamente incidirá la marcha del mal llamado “proceso de paz”. Resulta descorazonador pensar que ETA va a seguir marcando los tiempos y la vida política de nuestro País, pero es que algunos se han empecinado en que esto sea así. Se les ha dado tanto oxígeno en los últimos meses, que los terroristas y sus amigos lo han sabido aprovechar, recuperando un protagonismo y una presencia pública que hasta hace bien poco no tenían.

Las elecciones municipales y autonómicas de mayo tienen obviamente su trascendencia política. Primero, porque aunque no muchos candidatos a Alcaldes no lo quieran, en el fondo van a ser un test para calibrar las fuerzas de los dos grandes partidos de ámbito nacional de cara a las elecciones generales próximas. Un buen resultado del PP en la cita de mayo, haría que el partido liderado por Rajoy mantuviera su esperanza de ganar aquellas.

En cualquier caso, no parece que de las elecciones de mayo vaya a desprenderse un resultado espectacular o que pueda dar un vuelco al actual mapa político. Las encuestas indican que tanto el PSOE como el PP seguirán manteniendo sus feudos tradicionales, que en el caso de los socialistas serían Castilla la Mancha o Extremadura y en el de los populares, la Comunidad Valenciana o Castilla-León. Es decir, no es difícil pronosticar que las “lecturas” que harán los dos grandes partidos nacionales en la noche del 27 de mayo, es que ambos han ganado.

Mención aparte merece el apetitoso bocado de Madrid –Comunidad y Ayuntamiento- que todo indica que  va a seguir siendo degustado por el PP. El bochornoso espectáculo dado por el PSOE y por el propio Zapatero en la designación a dedo del candidato socialista a la Alcaldía de la capital de España, Miguel Sebastián, es algo que ha quedado grabado en la retina, por supuesto de los madrileños, pero también de muchos españoles y que les pasará factura a sus autores. En cuanto al gobierno de la Comunidad de Madrid, todas las encuestas apuntan a un triunfo de Esperanza Aguirre, algo lógico después de cuatro años de buena gestión.

Donde las elecciones de mayo alcanzarán una trascendencia política que va más allá de la simple renovación de los gobiernos municipales y autonómicos, será en Navarra. Los ciudadanos de la Comunidad Foral tendrán en su mano decidir que futuro quieren para su tierra: o bien seguir con el actual estatus jurídico-político que viene marcado por la Ley del Amejoramiento o introducirse en un camino que llevaría más temprano que tarde a la integración en la actual Comunidad Autónoma Vasca.

A día de hoy, los navarros saben que votando a UPN o a CDN, aseguran que Navarra siga siendo Navarra. Si votan a cualquiera de las opciones nacionalistas que se presenten, tendrán claro que están apostando por un cambio de ese marco. ¿Y si votan al PSN? La ambigüedad demostrada por el propio Zapatero cuando se le plantea claramente esta cuestión hace que haya que ponerse en lo peor. Es decir, que si por mor del mal llamado “proceso de paz” los socialistas tienen que pactar con los nacionalistas y desalojar a UPN y a CDN, lo harán sin ningún rubor.

Los próximos meses serán por tanto pre-electorales, con todo lo que eso lleva consigo de ruido, propaganda, soflamas, etc. Pero también hay que pensar que, desde el punto de vista democrático, las elecciones son la vía mas indicada para intentar dar solución al clima de crispación que se vive en nuestra sociedad desde hace meses. ¿Se logrará? Es difícil responder a esta pregunta con un monosílabo. Digamos que, simplemente y no es poco, los ciudadanos van a poder hablar en las urnas después de que en trece ocasiones en esta legislatura y en manifestaciones numerosas, lo hayan hecho en la calle.

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